Viernes 02 de febrero 2024. Cuarta Semana del Tiempo Ordinario – Año Par

Primera lectura del libro de Malaquías 3,1-4

Sal 23 R/. El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

Segunda lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18

Lucas 2,22-40: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz

El pasaje evangélico, es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lucas, quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Tanto la purificación de la madre y la presentación del niño constituían los dos momentos del rito que estipulaba la ley mosaica, justo cuarenta días después del parto. En la narración, Lucas da voz a dos ancianos- varón y mujer- que representan la tradición sapiencial del Israel fiel, y son ellos quienes manifiestan que en Jesús se cumplen las promesas: “ahora Señor puedes dejar a tu siervo irse en paz”. Ya ha visto al Mesías, al Salvador.

Ana retoma el camino de la profecía que se había olvidado y se dirige a su pueblo abriendo la puerta de la esperanza, alabando a Dios y proclamando a todos los que esperaban la liberación de Israel, que en aquel niño se cumple la promesa de Yavé a su pueblo: “la llegada del Mesías”.

Simeón y Ana, dos personas de avanzada edad, nos comunican que para Dios no existe el tiempo, El va realizando sus promesas a lo largo de la historia. Somos nosotros que a través de la confianza se nos va abriendo los ojos para ver los acontecimientos, “la salvación que has preparado a la vista de todas las gentes, luz para iluminar”.

En Jesús de Nazaret, Dios sale del templo para ser luz en medio del pueblo. En Él está la plenitud del Reino.

F/ Dominicos.org

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