Miércoles 11 de diciembre de 2019. A. 2ª Semana de Adviento.

Dámaso I (384)

Is 40,25-31: El Señor da fuerza al cansado. Salmo 102: Bendice, alma mía, al Señor. Mt 11,28-30: Vengan a mí los que están cansados.

Is. 40,25-31: El profeta anima al pueblo desterrado. Dios no nos abandona, Él no falla. Da fortaleza al cansado y al débil, renovando nuestras fuerzas de los que esperan en Él.

Mt 11,28-30: “Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (v. 28). Los cansados y oprimidos encuentran el alivio en Jesús. Los pobres, los maltratados, los que sufren hambre, falta de trabajo, las viudas y los huérfanos, y quien se siente desalentado y humillado encontramos la fuerza en Él, sus preferidos.

Jesús nos promete liberarnos de esas pesadas cargas. Su yugo no es el símbolo de la esclavitud o de la opresión política (Gn 27,40), del dominio extranjero (Dt 28,48; Is 9,4; 19,10) y de esclavitud (Ez 34,27). Vivir bajo el yugo de Dios es signo positivo de esperanza (Jr 2,20) y de sabiduría (Eclo 51,26).

Jesús nos abraza en su regazo, para decirnos que aprendamos de él a ser manos y humildes. “Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán consuelo para su vida” (v.29). Él no es violento. Es lograr su paz en su regazo. He conocido a tantas personas humildes en la labor pastoral: mujeres que sufren y luchan por sacar a sus hijos adelante, darles educación y una buena formación, porque han confiado en Jesús. Jóvenes que trabajaban de niños con la carretilla en el mercado, o en los terminales pesqueros. Han estudiado y se han hecho profesionales honestos, con su esfuerzo, porque tuvieron la guía de la mamá o en el grupo parroquial, aprendieron a conocer la alegría, la fortaleza para seguir adelante. El que vive el amor de Jesús, encuentra en Él la fuerza para ser libre para amarse, amar al otro y el camino se le hace fácil, para emprender nuevos caminos. Porque la fe en Cristo, nos permite sentirlo cercano, misericordioso y que va señalándonos el camino.

¡No nos dejemos vencer por los desalientos, o problemas de la vida! Busquemos a Cristo, ¡sólo él es el amigo que nunca defrauda!

Fr. Héctor Herrera, o.p

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