Martes 17 de diciembre de 2019. A. Feria privilegiada de Navidad

Lázaro (s. I)

Gén 49,2.8-10: El cetro no se apartará de Judá. Salmo 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente. Mt 1,1-17 Genealogía de Jesucristo.

Gn 49,2.8-10: Jacob, está en Egipto con sus hijos, cercano a su muerte, les imparte su bendición, que es su herencia. Las palabras de la bendición de Dios, es una palabra profética. Un descendiente de Judá reinará no sólo sobre las demás tribus del pueblo elegido, sino sobre todas las naciones. A través de los siglos, las dificultades y los fracasos de la historia, se ha mantenido esa sorprendente esperanza: ¡un «salvador» nacerá de la familia de Judá! (Mateo 2,6).

Mateo 1,1-17 vincula el nacimiento de Jesús a la historia entera de su pueblo, resumida y sabiamente caracterizada en la “genealogía”. Pone constantemente su relato en relación con las escrituras judías del AT, introduciendo su tema favorito el “cumplimiento” de estas escrituras en la historia de Jesús (1,22; 2,5.15.17.23). Desde el comienzo de su narración hace aparecer las implicaciones públicas, políticas e incluso internacionales de este nacimiento.

Él nació en una familia, cuyos ascendientes las coloca el evangelista Mt 1,1-17 en 14 generaciones. En Jesús confluyen la historia de la humanidad y las promesas. Es en esta historia humana donde se realiza la salvación en los amigos de Dios, Abraham, Moisés, David.

Mateo, presenta a Jesús conectado a la historia humana. En su genealogía hay gobernantes, campesinos, esclavos, prostitutas, pecadores públicos, gente generosa y buena. Él ha venido para acogernos a todos y para indicarnos un nuevo nacimiento, una vida feliz que exige esforzarnos para hacer nueva esta historia humana. Cercarnos al nacimiento de Jesús, renazcamos con Él a una nueva vida de armonía, comprensión, esfuerzo para sembrar el amor, venciendo el odio y el rencor.

Mateo pretende convencer a los judíos, Jesús es el Mesías, perteneciente a la tribu de Judá y a una familia determinada. Es descendiente de Abraham y del rey David, cumpliéndose así las escrituras. Somos la familia de Jesús. Él se ha encarnado en nuestra historia humana y a “todos los que aceptamos su Palabra y creemos en ella, nos hizo capaces de ser hijos de Dios”(Jn 1,12)

Jesús se encarnó dentro de una historia humana concreta. En Él hemos sido hechos hijos de Dios. Él nos libera de toda esclavitud de pecado, para unirnos con su amor y hacer de la humanidad un solo pueblo unido por el amor, la justicia y la paz. Dio su vida y se hizo uno de nosotros para crecer en el amor.

¿Crecemos en el amor, como la familia de Jesús?

Fr. Héctor Herrera, o.p

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