La Indiferencia por la salud de los más vulnerables: 120 Niños intoxicados por el programa Wasi Mikuna

En una semana, 120 niños de las regiones de Áncash, Amazonas y Piura, beneficiarios del programa Wasi Mikuna (anteriormente Qali Warma), se intoxicaron gravemente. Los síntomas incluyeron dolores de cabeza, vómitos, ronchas y fuertes dolores estomacales. Muchos fueron hospitalizados, y en Piura, el colapso de la posta de salud ante el gran número de afectados evidenció la magnitud del problema.

Las víctimas, lamentablemente, son los más vulnerables, los niños. Y esto porque la intoxicación alimentaria es un asunto serio de salud pública, ya que los alimentos distribuidos en el programa deberían haber pasado por un proceso de control estricto.

Christian Aranda, analista político, destacó en entrevista con Prisma RSM que este incidente refleja la indiferencia del gobierno hacia la salud, la vida y la integridad de los niños; pero además, este sensible hecho deja en descubierto el sentir de la población, ya que el pasado 3 de abril en un acto de desesperación, una madre piurana, expresó con lágrimas ante los medios «nuestros hijos no son animales».

Este caso tiene sus raíces en la gestión de Julio Demartini, quien fue ministro de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) hasta principios de 2025. Durante su mandato, el programa Qali Warma ya había enfrentado controversias como el escándalo de las conservas de carne de caballo. Ante la presión, el gobierno optó por cambiar el nombre del programa a Wasi Mikuna, como si un cambio de nombre pudiera resolver los problemas subyacentes. Sin embargo, tres semanas después, los padres denunciaron que las latas de comida venían con vellos, un indicio muy claro de la falta de control de calidad, lo que culminó en los recientes casos de intoxicación.

Lo más preocupante es la respuesta defensiva de Leslie Urteaga, la actual ministra del MIDIS, quien culpó a los padres, las cocineras y hasta a los niños, por no lavarse las manos adecuadamente. Aunque algunos productos requieren ser cocinados correctamente, el hecho de que este problema se haya repetido en tres regiones casi simultáneamente sugiere que la responsabilidad recae en una gestión ineficaz, no en los errores de los involucrados en el proceso de distribución.

Es indignante que después del primer problema con la carne de caballo, el gobierno no tomó medidas serias para garantizar la calidad de los alimentos distribuidos. Este patrón de negligencia, que afecta a los niños más vulnerables, parece ser una clara muestra de desinterés absoluta.

Redacción Lucero Paredes

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