La ciudad se detuvo
El lunes 7 de julio, las calles del Cercado de Arequipa despertaron entre bolsas de basura sin recoger, como si la ciudad se hubiera pausado. Desde tempranas horas, decenas de trabajadores municipales, entre obreros de limpieza pública, parques y jardines, Policía Municipal y personal de Serenazgo, se congregaron frente al local de depósito de limpieza pública de la Municipalidad Provincial, en la zona de Siglo XX, para exigir lo que, aseguran, se les ha negado durante años: condiciones mínimas para trabajar dignamente. Sin equipos de protección personal desde enero, sin aumentos salariales en tres años y con un bono reducido a S/500, frente a los 2 mil anuales que demandan, los trabajadores iniciaron una protesta contundente. “Somos mil trabajadores afectados. Que la población nos disculpe”, expresó Marleny Llanos, secretaria general del Síndicato de Trabajadores Obreros de la Municipalidad de Arequipa (SOMA), mientras el servicio de recojo de residuos quedaba suspendido en el corazón de la ciudad.

Lourdes Zeballos, secretaria general del Sindicato Único de los Trabajadores de la Municipalidad Provincial de Arequipa (SITRAMUN), denunció ante Radio San Martín las precarias condiciones en las que laboran desde enero: sin guantes, sin mascarillas, sin zapatos ni compactadoras en condiciones. “Nuestros compañeros se han cortado los pies y las manos. Hay enfermedades. Y el alcalde, que tiene una denuncia en la fiscalía, se ríe de la situación”, dijo con firmeza. Zeballos aseguró que cerca de 400 trabajadores carecen de equipos de protección personal (EPP) y que las unidades nuevas prometidas no llegan a la base. Además, reclamó que el alcalde, Víctor Hugo Rivera Chávez, niega cualquier aumento salarial, pese a un acuerdo previo firmado que contemplaba un incremento de S/ 230. “Nosotros, con apoyo de un contador, hemos visto que puede darse un aumento de 300 a 400 soles”, sentenció, mientras anunciaba que, de no iniciarse el diálogo, los trabajadores continuarían en pie de lucha e incluso considerarían una huelga indefinida.
La mañana del martes 8 de julio trajo consigo un nuevo capítulo en la protesta: montículos de basura comenzaron a acumularse en las esquinas del Centro Histórico de Arequipa, y con ellos, el malestar ciudadano. En su segundo día de paralización, los trabajadores de limpieza pública, parques y jardines, serenazgo y policía municipal se mantuvieron firmes en su posición, esta vez trasladando su protesta hasta la sede principal de la Municipalidad Provincial de Arequipa, ubicada en la calle El Filtro. Aunque el Sindicato de Trabajadores Municipales (SITRAMUN) logró abrir un canal de diálogo con las autoridades, el Sindicato de Obreros Municipales de Arequipa (SOMA), liderado por Marleny Llanos, denunció que no fueron incluidos en el acuerdo y que por ello la lucha continuaría. “No recibimos el bono anual de S/ 2,000 desde hace tres años y ahora nos ofrecen solo 500 soles. No hay implementos, no hay respeto, y acá estamos mil trabajadores esperando solución”, declaró Llanos. Mientras tanto, 14 camiones compactadoras permanecían inmovilizadas y toneladas de residuos seguían sin ser recogidas. La municipalidad de Yanahuara debió intervenir para evitar una emergencia sanitaria en pleno centro de la ciudad.

A medida que avanzaba el día, la tensión aumentaba. Desde las afueras del local de la Municipalidad Provincial de Arequipa, los trabajadores esperaban una respuesta concreta, pero esta nunca llegó. “Pensábamos que el alcalde iba a estar aquí o al menos iba a enviar al gerente municipal para darnos una solución”, comentó con frustración uno de los manifestantes. En cambio, lo que recibieron fue un comunicado institucional, difundido por los canales oficiales del municipio, en el que, según denunciaron, se tergiversaban sus demandas. “Han dicho que pedimos mil soles de incremento cuando no es cierto”, agregaron con indignación. Lo que más irritó a los trabajadores fue saber que, mientras a ellos se les negaba un aumento justo, sí se destinaban recursos para la contratación de terceros y personal de confianza. Afuera, el panorama era cada vez más crítico: los desechos seguían acumulándose y, en un intento por disimular la crisis, el municipio desplegó a más de 30 personas para limpiar algunas calles, según se difundió en redes sociales. Sin embargo, la improvisación no bastó para contener el malestar de la ciudad.
Por otro lado, Llanos, secretaria general del SOMA, elevó su voz frente a la sede de la MPA. Su mensaje era claro: el problema no era solo económico, sino de gestión y de voluntad política. Acusó al entorno del alcalde de obstaculizar el diálogo, en especial a su asesor más cercano. «El alcalde tiene la intención, pero está mal asesorado. ¿Qué le puede decir un señor que no ha tenido ni un cargo importante en la municipalidad?», arremetió. Llanos propuso una salida inmediata: una reunión en despacho, un compromiso concreto, y como respuesta, los mil trabajadores retomarían de inmediato las labores de limpieza para devolverle la dignidad a las calles de Arequipa. «Porque ya no creemos en actas, ni en compromisos que nunca cumplen», sentenció. La protesta no era el reflejo de una gestión que prefiere gastar en contrataciones externas antes que dignificar a sus propios obreros.

La tensión de los días anteriores dio paso, finalmente, a un acuerdo. Llanos confirmó que los reclamos fueron atendidos “en parte”, logrando el compromiso de la Municipalidad Provincial de Arequipa para otorgar un bono anual de S/ 2,000 a partir del 2026 a los más de mil trabajadores. El pedido de un incremento permanente no prosperó. Este fue un resultado que anticiparon, y por ello informó que todas las bases habían sido informadas de las limitaciones legales con anticipación. Además, se pactó una vigilancia permanente sobre la implementación de los Equipos de Protección Personal (EPP). Asimismo, Efraín Quispe, secretario de defensa del SOMA, anunció que las labores de limpieza se retomaron la noche del mismo día del acuerdo, 8 de julio: nueve compactadoras salieron a recorrer las calles, y desde las 3 de la madrugada del miércoles, todos los servicios operaban con normalidad. Con cautela y firmeza, los trabajadores agradecieron el gesto del alcalde Víctor Hugo Rivera de haber llegado a un buen término. Pero dejaron claro algo: cada año, como dicta la negociación colectiva, volverán a exigir lo que consideran justo.
Redacción David Mendez

