Palabras que se mancharon de sangre

– No sabemos cómo lo han matado.

Fueron las palabras de Juan Chipana, mientras lamentaba la muerte de su sobrino, Alexander Checa Montalvo. El joven de 27 años al que había visto solo la noche anterior, en la casa donde vivían en familia, en Chala.

Los bloqueos de carreteras de los mineros informales ya estaban ahí por más de 11 días. La leche se había podrido, los animales habían muerto, los alimentos habían perecido, y millones de soles se habían perdido.

Para terminar con los obstáculos del tránsito, efectivos policiales habían sido enviados a los puntos de barricadas, en un operativo que buscaba al final del día liberar las vías de la Panamericana Sur.

Eran casi las 10 de la mañana, cuando las fuerzas del orden ingresaron a Chala. En el momento en que intervinieron a los manifestantes, se desató el enfrentamiento entre mineros y uniformados. Como una chispa, que, al instante, inicia una explosión.

Desde un flanco se lanzaban piedras, y desde el otro se lanzaba gas lacrimógeno.

El aire sofocante y contaminado, además de afectar a los protestantes, también afecto a las madres, los niños y ancianos, que, como Checa, solo eran pobladores de la zona.

Checa era como ellos, un vecino más. Taxista. No era, para nada, un minero. Sin embargo, entre las peleas, se vio envuelto en la confusión, y terminó con un impacto fuerte en la cabeza y una herida grave en su pecho.

Poco después, el médico de turno del centro de salud de Chala, certificaría su muerte, y su cuerpo sería trasladado a la morgue.

– Era taxista. Nosotros no sabíamos que había ese enfrentamiento, solamente lo encontramos muerto donde ya había fallecido. – Lamentó su tío, preguntándose porqué tenían que haber confundido a su sobrino, un civil ajeno a los problemas, con uno de los manifestantes.

Pocos días antes de la intervención, Máximo Becker decía sin remordimientos que, de ser necesario, “debía correr sangre” para que se escuchen los pedidos de los mineros informales. Sangre de mineros, y de policías.

Sin embargo, sus palabras ahora están manchadas con sangre real, que no pertenecía a ninguno de los grupos involucrados, sino que pertenecía a un joven de 27 años, que desafortunadamente vivía en la misma zona donde la carretera se había bloqueado.

Redacción Andrea Ramos

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