Jueves 28 de agosto del 2025. Vigésimo primera Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar

San Agustín de Hipona

Primera lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 7-13

Salmo 89, 3-4. 12-13. 14 y 17 R/. Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres

Mateo 24, 42-51: Estén en vela porque no saben qué día vendrá nuestro Señor

El pasaje del Evangelio de hoy forma parte del capítulo 24 del Evangelio de Mateo, en el que Jesús trata de responder a sus discípulos sobre el cuándo y cómo de su venida definitiva y del fin del mundo. Se trata pues, por parte de Jesús, de un discurso de tipo escatológico y por tanto relacionado con el sentido último de la historia y de la vida que ilumina, precisamente, esta venida del Señor.

En relación al “cuándo”, el pasaje de este día pone el acento en la imprevisibilidad de la venida de Cristo y de la importancia por ello de prepararnos para ella.

El sentido profundo de esta venida, radica en el hecho de que Dios está llegando siempre a nuestras vidas; irrumpe en la cotidianidad de ellas, en medio de los acontecimientos que nos suceden. Su llegada sucede de manera imprevisible, como llega un ladrón.

No sabemos el cuándo, pero sí sabemos que esta llegada de Dios a nuestra vida se convierte para el ser humano en la respuesta a la búsqueda de sentido para la propia historia y para la historia de la humanidad.

Por eso, es tan importante estar vigilantes, cultivar esa actitud de atención que nos permita captar y acoger los signos de la presencia de Dios en medio del mundo, tener la apertura a la novedad de Dios que viene a hacer nuevas todas las cosas, a alumbrar en cada uno de nosotros y nosotras una nueva criatura, si le abrimos la puerta nos dejamos hacer por Él. A esto se refiere el Evangelio cuando nos invita a estar en vela.

Para todos nosotros, inmersos en un mundo en el que nos llegan tantas imágenes e informaciones en apenas segundos, y que no nos da tiempo a elaborar, a digerir, a repensar, es fácil vivir en la dispersión y es un reto permanente cultivar la atención que supone distanciarse de lo múltiple para centrarse en lo esencial, en lo importante.

¿Qué medios me doy yo para practicar la mirada y la escucha atenta en la vida de cada día? ¿En qué medida me siento abriendo mi puerta al Señor?

La segunda parte del Evangelio, completa la primera; porque prepararse, enfocar la mirada en la dirección adecuada, implica también ser como el criado fiel y prudente, encargado de dar a la servidumbre la comida a sus horas. Este criado expresa la actitud adecuada de la persona ante Dios: la de la humilde responsabilidad ante la vida, y de forma especial ante los hermanos: no somos dueños de la vida para hacer no importa qué con ella, sino administradores de un don que Dios nos confía para que lo cuidemos, lo protejamos; y de una manera especial, cuidemos y protejamos la vida de nuestros hermanos y hermanas, muchos de ellos hoy viviendo situaciones muy duras de pobreza, sufrimiento, injusticia.

¿De qué manera ejerzo yo esta responsabilidad de cuidado respecto a los hermanos y hermanas que Dios me ha dado?

F/ Dominicos.org

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