Viernes 29 de agosto del 2025. Vigésimo primera Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar
Martirio de San Juan Bautista
Primera lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 1-8
Salmo 96, 1 y 2b. 5-6. 10. 11-12 R/. Alegraos, justos, con el Señor
Marcos 6, 17-29: Herodes había mandado prender a Juan
Dios nos ha llamado a una vida santa
Todos los bautizados participamos de una vocación que nos es común: el llamamiento a la santidad. Así lo entendía san Pablo y se lo escribe a los fieles de Tesalónica, comunidad evangelizada por él al desplazarse hacia Europa. Hacia ella envió a su discípulo Timoteo que le reportó muy buenas noticias. Les escribe para rogarles y exhortarles, en el nombre de Jesús, a ser fieles a lo que les había transmitido.
La voluntad de Dios muestra a los creyentes el camino de la santidad que, por otra parte, es un mensaje constante ya en el Antiguo Testamento. El Dios tres veces santo quiere a sus hijos santos; «Santificaos y sed santos, porque yo soy santo. No os haréis impuros como ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo» (Lev 11, 44). La impureza es precisamente el vicio que deseaba san Pablo alejarlo de los cristianos, bien sabedor como era de la corrupción existente en el paganismo. Los seguidores de Jesús han de tratar su cuerpo con todo respeto, sin dar cauce a las pasiones deshonestas, como las personas que no conocen o se han olvidado de Dios. Tampoco usurpando lo que pertenece a otros, por ejemplo cayendo en el adulterio, porque Dios no nos ha llamado a una vida impura y las ofensas a los semejantes terminan siempre en Dios.
Juan Bautista encarcelado por Herodes
Aunque el rey de Galilea, Herodes, escuchaba con gusto a Juan no le llegaban a lo hondo de su conciencia las exhortaciones del Precursor del Señor. De hecho, mandó encarcelarlo por la claridad de su doctrina, hacía él y hacia Herodías: lisa y llanamente le decía que no le estaba permitido vivir en adulterio con la mujer de su hermano. Si realmente Herodes se hubiera dejado interrogar por las advertencias del Bautista, nadie hubiera sido capaz de distraerlo del seguimiento de la voluntad de Dios.
Sin embargo, la cobardía y respetos humanos de este rey de los judíos le llevó por los caminos de la ruina, hasta llegar al extremo de convertirse en un asesino. Los errores no disipados, ni enmendados suelen desembocar en verdaderas catástrofes. A los seguidores de Jesús se nos pide que elijamos con plena libertad los caminos del bien, que nos examinemos acerca de la ruta emprendida y seamos valientes a la hora de enderezar lo torcido y así mantenernos en la carrera hacia la meta.
F/ Dominicos.org

