Lunes 29 de diciembre 2025 – Octava de Navidad – Año litúrgico 2025-2026. (Ciclo A)

Primera lectura, Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2,3-11.

Salmo 95,1-2a.2b-3.5b-6 R/. Alégrese el cielo, goce la tierra.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la población, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

“luz para alumbrar a las naciones”

y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Reflexión

En nuestros días, mirando a nuestro alrededor, vemos cómo la Navidad enciende luces de colores que adornan las calles y avenidas, invitando a la alegría y a la esperanza… ¡es realmente bello! Pero… con nuestros gestos de amor, pequeños, sinceros y audaces, ¿no ofreceríamos más alegría y esperanza a nuestros pueblos que esas luces?

Si, como espejos, reflejamos la luz que vemos, e inundados por ese Amor que experimentamos, lo compartimos en solidaridad, en ternura, en paciencia, en acogida y hospitalidad…  nuestra vida podrá ofrecer la real alegría de la Navidad y sembrarla eficazmente en quienes nos rodean.

F/ Dominicos.org

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