Lunes 11 de mayo del 2026. Sexta Semana de Pascua.
Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 11-15
Salmo 149, 1bc-2. 3-4. 5-6a y 9b R/. El Señor ama a su pueblo
Juan 15, 26 — 16, 4ª: “Yo los enviaré, desde el Padre, el Espíritu de la Verdad”
San Juan en su Evangelio trata del discurso que Jesús dirigió a los Apóstoles. Son ellos los fundamentos o cimientos vivos de la Iglesia, que tiene como piedra angular y cabeza al Señor. Pero los agraciados con el regalo del Espíritu Santo somos todos los bautizados y, por tanto, también para nosotros hay un mensaje desde lo que escribe el evangelista.
¿Cuál es? podemos preguntarnos. —Que el Espíritu Santo es «Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo y que habló por los profetas» (Credo niceno constantinopolitano).
La persona divina del Espíritu Santo es como el alma de los bautizados y, por tanto, quien transmite vida, ilumina nuestras inteligencias, robustece la voluntad, unifica a los creyentes para que tengan una sola alma y un solo corazón en Dios, es constructor de comunión, caldea los corazones con las verdades transmitidas por la Biblia, anima a no dejarse acobardar, da la valentía necesaria para confesar a Dios y ofrecer testimonio, ayuda a superar las dificultades por grandes que sean, da perseverancia para peregrinar hacia la meta justa.
La «hora del Espíritu» ha llegado para quien lo recibe en su alma y, desde semejante momento, que puede ser el Bautismo de cada uno, no se aleja nunca. Sencillamente, porque el Eterno entró en nuestra historia. Sus acciones, sin origen, desde siempre, serán en nosotros para siempre. Personifica el amor en la divinidad y viene a encender el fuego del amor en la humanidad. Los verdaderos creyentes hemos de ser constructores de paz, armonía, paciencia, mejoramiento para todos, luchadores para que nuestra morada interior sintonice en cada momento con el «Señor y dador de vida».
¡El Espíritu Santo obra siempre maravillas!
F/Dominicos.org

