Lunes 6 de julio del 2026. Decimocuarta semana del Tiempo Ordinario – Año Par
Primera lectura de la profecía de Oseas 2, 16. 17b-18. 21-22
Salmo 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 R/. El Señor es clemente y misericordioso
Mateo 9, 18-26: Cogió a la niña de la mano y ella se levantó
“Un personaje”, en otras traducciones “un jefe de los judíos”, es quien se atreve a interrumpir el discurso de Jesús, para que se fije en su dolor, por la muerte de su hija. Un dolor como la pérdida de una hija no encuentra fronteras cuando cree que alguien pueda devolver la vida. Le lleva incluso a “arrodillarse” ante Jesús. Lo que solo se hace ante Dios.
En el camino hacia su casa, tiene lugar el episodio que recogen los tres sinópticos. La enferma, “hemorroisa”, toma la iniciativa desde su honda confianza en tocar la vestidura de Jesús. Su curación la percibe solo Jesús. Se la comunica a la enferma. Una curación que Jesús atribuye, no a su poder taumatúrgico, sino a la fe la enferma. ¡La enferma se ha curado a sí misma! Su fe, su confianza en Jesús la han curado.
Jesús se acerca a la niña muerta, diciendo que, de muerte, nada: está dormida. Lo que produce la burla de quienes lo oyen. Cuando llega hasta ella, Jesús no hizo más que tomarla de la mano y ella se puso en pie.
Jesús no da una orden, como en el caso de la resurrección de Lázaro, solo un gesto cariñoso, tomarle de la mano, como si efectivamente no estuviera muerta, sino dormida.
En ambos casos se oculta el poder de hacer milagros de Jesús. En el primer caso es la fe de la enferma la que cura; en el segundo la niña sale del sueño, no de la muerte.
¿Cómo vemos nuestra fe, nuestra confianza en Jesús, ante el episodio de la curación de la hemorroisa? ¿Qué lograríamos conseguir de acuerdo con la sinceridad y hondura de nuestra fe?
Puede que esa esté bastante “dormida”, no sea factor que tengamos en cuenta en nuestra vida. ¿Quién nos tomará de la mano para despertarla; y esté fuerte y vigorosa, ¿cómo recurso que conduce nuestra vida, referencia de ella?
F/Dominicos.org

