Los que se quedan a mitad de camino: deserción universitaria en Arequipa
Arequipa es el departamento con el mayor porcentaje de egresados universitarios del país, con un 16,1% del total nacional según el Ministerio de Educación, y uno de los principales polos de educación superior del sur del Perú. Pero esa cifra tiene otra cara, ya que seis de cada diez jóvenes peruanos tuvieron que detener sus estudios superiores en algún momento, principalmente por problemas económicos y bajo rendimiento académico. En Arequipa, donde el 30% de los casi 95 mil estudiantes universitarios provienen de otras regiones del país, muchos de ellos de familias con escasos recursos, esa vulnerabilidad es especialmente marcada desde el primer ciclo.
El mayor índice de deserción universitaria ocurre durante el primer año de estudios, y entre el 15% y el 25% de los estudiantes se retiran de su programa principalmente por una mala elección de carrera, según el Dr. Gustavo Kato, Vicerrector de la Universidad Privada del Norte. A esto se suma el peso del factor económico, durante la pandemia, el 42,6% de los universitarios en situación de pobreza no extrema abandonó sus estudios, frente al 18,1% de los no pobres, una brecha que en Arequipa golpea especialmente a los estudiantes migrantes de provincias altoandinas que llegan a la ciudad sin red de apoyo. Investigaciones peruanas identifican tres factores dominantes en la deserción, el económico, el familiar y el académico, siendo este último el más determinante con un 75% de incidencia en estudios realizados en universidades nacionales.
La buena noticia es que la tendencia nacional muestra una mejora gradual. La tasa de interrupción de estudios en universidades licenciadas bajó de 16,2% en el periodo 2020-2 a 11,5% en 2021-1, la cifra más baja registrada incluso comparada con la etapa prepandemia, según el Minedu. En Arequipa, universidades como la UNSA han reforzado su comedor universitario atendiendo a cerca de 3.000 estudiantes en condición de pobreza en 2026 y algunas instituciones privadas implementaron fraccionamiento de pagos y becas de permanencia para reducir la fuga de alumnos por razones económicas.
Sin embargo, los avances son frágiles. Solo el 19,4% de los jóvenes peruanos de entre 22 y 24 años concluye la educación superior en la edad normativa, lo que revela que completar una carrera sigue siendo una excepción antes que una regla para buena parte de la juventud. En Arequipa, donde el presupuesto en educación cayó un 17% para 2026 y donde la precariedad de la infraestructura universitaria convive con denuncias de desfalcos millonarios, el desafío de retener a los estudiantes más vulnerables no pasa solo por becas o comedores, sino que pasa por una apuesta institucional sostenida que hoy, todavía, no termina de materializarse.
Redacción Patty Mamani

