Evangelio del día Martes 22 de septiembre de 2020. Semana 25 T.O.

Mauricio y Comps. mártires (302)

Prov 21, 1-6.10-13 Diversas sentencias

Salmo 118: Enséñame, Señor, tus leyes.

Lc 8, 19-21: Mi madre y mis hermanos cumplen la Palabra

Jesús nos descubre una nueva manera de ser su familia: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). Ser discípulo del reino de Dios, no es por vínculos de sangre ni el parentesco, sino es ponerse al servicio de la Palabra para participar de la fraternidad universal. Ser discípulo es escuchar con el corazón y trabajar por la construcción del reino.

En este sentido María es discípula y oyente de la Palabra, porque medita todas estas cosas en su corazón. Esto lo ha querido afirmar S. Lucas desde el inicio de la infancia de Jesús(Lc 1,29. 2,19.51)

Jesús marca una clara diferencia entre el antiguo Israel, que se basa en el legalismo. Y el nuevo Israel, pueblo de Dios que es una familia por la escucha y la práctica de la Palabra de Dios en nuestra vida.

Para Jesús está claro en dos verbos: “escucha de la palabra y ponerla por obra” son las condiciones para ser de su familia. (Recuerda que estamos en el mes de la Biblia). Es su persona, Palabra hecha carne, que abre los lazos de la familia y nos da la pertenencia a su grupo. La palabra nos congrega, nos define, nos hace familia. ¡María y los familiares de Jesús por la actitud de la escucha a la palabra lo son! ¿Somos de la familia de Jesús? ¿Somos la familia de Jesús que escuchamos y ponemos en práctica su Palabra que cambia nuestras vidas y nos hace constructores del Reino de Dios?

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