Miércoles 11 de Setiembre de 2019. 23ª Semana T.0.

Mártires Carmelitas (1792)

Col 3,1-11: Han muerto con Cristo. Salmo 144: El Señor es clemente y misericordioso. Lc 6,20-26: ¡Dichosos ustedes… Ay de ustedes!

Lc 6, 20-26: Felices los pobres que ponen su confianza y fidelidad en el Dios de la vida, que nos mueve a un encuentro fraterno de un mundo nuevo.

Felices los que ahora pasan hambre, a causa de la ambición de quienes viven de la riqueza, a veces obtenida con las lágrimas y dolor de los pobres. La riqueza no te asegura nada, porque el corazón del rico, está tan satisfecho de sí mismo, que no tiene espacio para la Palabra de Dios, es indiferente al grito de los pobres.

Felices los que ahora lloran por causa de las dictaduras insensatas, la codicia del poder y del dinero que da la espalda a los pobres, crea violencia, migraciones masivas, falta de alimentos, trabajo. El mundano mira hacia otra parte, cuando hay enfermedad, falta de trabajo.

Felices cuando los odien por causa de la justicia. La justicia de Jesús, comienza por cada uno. Buscar la justicia es socorrer al oprimido, proteger al huérfano y a la viuda (Is. 1,17). No es la justicia del mundo, manchada por intereses mezquinos, manipulada de un lado para otro (Papa Francisco).

La paz “es una obra de artesanos pacientes”, nos recuerda Francisco. “Os animo a ser amigos de Dios, de los pobres y de la paz”

Ay de ustedes los que ponen su corazón en el becerro de oro “en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro” (E.G.55), que depreda y contamina.

Ay de los insolidarios que se afanan en como lucrar más con la extracción incontrolada de minerales, contaminando los ríos, talando y quemando los bosques, sin pensar en el futuro de la nación ni de las generaciones.

Felices los que trabajan por la dignidad, el respeto por la vida del ser humano, la defensa de la Amazonía. Necesitamos: “Más oración y más diálogo” para realizar acciones concretas.

Felices nosotros, si nos dejamos guiar por Jesús para crecer en compasión, reconciliación, abriendo el corazón y la mente al prójimo. Porque todos necesitamos el abrazo de Dios tierno y misericordioso para lograr una vida más digna, donde se superen los egoísmos, los odios, las intolerancias que destruyen la paz y el respeto entre personas y pueblos.

Fr. Héctor Herrera op.

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