Viernes 13 de Setiembre de 2019. 23ª Semana T.0.
Juan Crisóstomo (407)
1Tim 1,1-2.12-14: Dios tuvo compasión de mí. Salmo 15: Tú eres, Señor, mi heredad. Lc 6,39-42: ¿Acaso un ciego guía a otro ciego?
Lc 6, 39-42: Es urgente, hacernos una seria evaluación de nuestra vida personal y social. En nuestra vida cotidiana tenemos que reflexionar muy en serio sobre el problema de la corrupción: “La corrupción es el pecado que, en lugar de ser reconocido como tal y de hacernos humildes, es elevado a sistema, se convierte en una costumbre mental, una manera de vivir. Ya no nos sentimos necesitados de perdón y de misericordia, sino que justificamos nuestros comportamientos y a nosotros mismos” (El nombre de Dios es misericordia. Francisco)
Este pecado está hundiendo al país, obras mal hechas y sobrevaloradas, personas aferradas al poder y a la inmunidad para no cambiar de vida ni interesarse por los problemas del país, unido a nuestra propia complicidad, por miedo o temor a las represalias.
Salir de esta situación implica una toma de conciencia a la luz del evangelio de Jesús para corregir nuestras propias vidas y ayudar a una corrección sana de una sociedad enferma y sin Dios. Seguir el camino de Jesús, nos conduce a un cambio radical en nuestra vida y en el entorno de la sociedad para crear estructuras o formas de vida social, política, económica, educativa, religiosa, que nos lleven a un encuentro con el Dios vivo de Jesús, el único maestro que con la luz de la verdad ilumina nuestras vidas y comportamientos.
¿Seremos fieles a Jesús dejándonos transformar por su Palabra y poner los cimientos fuertes de una reforma profunda en la vida del país?
Fr. Héctor Herrera op.
