Viernes 18 de Octubre de 2019. C. 28ª Semana T.0.
Lucas, evangelista (s. I)
2Tim 4,10-17b: Lucas está conmigo. Salmo 144: Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Lc 10,1-9: La mies es abundante, los obreros pocos.
Hoy recordamos a San Lucas evangelista, médico de profesión, quien escribe tercer evangelio, dedicado al tiempo de Jesús, y los Hechos de los Apóstoles, dedicados al tiempo del Espíritu, que es el tiempo de la iglesia. Leyendo esta obra se pueden adivinar algunas cosas de este cristiano culto y perseverante. Presenta a Jesús, con un proyecto de salvación, movido por el Espíritu de Dios, anuncia la Buena Nueva a los pobres y derrama su misericordia
Lc 10,1-9 nos presenta la universalidad del mensaje de Jesús, dirigida a todos los pueblos del mundo conocido.
Para anunciar y proclamar la buena nueva de Jesús, se necesita desprendimiento, compartir la vida de los pobres. “También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local. Ellos son enviados a las gentes en el mundo que aún no está transfigurado por los sacramentos de Jesucristo y de su santa Iglesia. Anunciando la Palabra de Dios, testimoniando el Evangelio y celebrando la vida del Espíritu llaman a la conversión, bautizan y ofrecen la salvación cristiana en el respeto de la libertad personal de cada uno, en diálogo con las culturas y las religiones de los pueblos donde son enviados. La missio ad gentes, siempre necesaria en la Iglesia, contribuye así de manera fundamental al proceso de conversión permanente de todos los cristianos. La fe en la pascua de Jesús, el envío eclesial bautismal, la salida geográfica y cultural de sí y del propio hogar, la necesidad de salvación del pecado y la liberación del mal personal y social exigen que la misión llegue hasta los últimos rincones de la tierra. (JMM 2019)
La misión de todos los cristianos, pueblo de Dios estamos llamados a anunciar a Jesús, mensajero de Paz. La paz que nos transmite Jesús es la libertad de espíritu, para construir la reconciliación, con los valores de la verdad, transparencia y ver el futuro de las generaciones. Si miramos la realidad, los pueblos más sufridos apostaron por la paz.
Jesús nos invita a crear una cultura por la vida y la paz, que exige de cada creyente deponer actitudes revanchistas, envidias, celos para amar con la libertad de los hijos, as de Dios para ver surgir pueblos que respetan los derechos y deberes de los demás. Sanar heridas para amar de verdad es lo que hizo Jesús con los más marginados. Pone de ejemplo a los que eran considerados herejes como los samaritanos, mujeres y niños que no eran tomados en cuenta. Hoy vuelve nuestra mirada a nosotros cristianos católicos para comprender y sanar a los más excluidos. Esas son las multitudes que lo siguen hoy y que esperan de nosotros sentimientos profundos de misericordia y compasión para crecer y madurar en nuestra fe.
¿Cómo anunciamos a Jesús en nuestras vidas? ¿Creemos que Él puede cambiar nuestra mente para construir una nación con un desarrollo integral?
Fr. Héctor Herrera, O.P.

