Jueves 13 de Febrero de 2020. A. 5ª Semana T.0.

Jordán de Sajonia (1237)

 1Re 11,4-13: Por infiel te quitaré el reino. Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo. Mc 7,24-30: No está bien quitar el pan a los Hijos.

Mc 7,24-30 Jesús en su acción misionera, recorre la frontera de Galilea. Ha hablado en primer lugar a los judíos. El poder religioso lo ha rechazado y perseguido. Se dirige a los paganos a Tiro. Una mujer pagana le cambia sus planes. La sencillez y la petición de esta mujer siro fenicia: “Señor ten compasión, mi hija está poseída por un espíritu malo” (v.25)

Jesús le responde: “deja primero que se sacien los hijos. No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos” (v.27). La expresión perros la usaban los judíos para referirse a los paganos. Al ver la fe de aquella mujer: “Señor, también los perritos, debajo de la mesa, comen de las migas que dejan caer los hijos” (v.28).

El diálogo de la mujer siro fenicia, pidiendo la salud de hija hace que Jesús nos abra otra perspectiva a respetar, escuchar a esta mujer que insiste y encuentra la salud de su hija. Se ha encontrado con el Dios vivo. Jesús no se fija en los prejuicios culturales y religiosos. Acoge a esta mujer, como debemos acoger a los que no piensan como nosotros, a valorar a las personas. La fe se vive en comunidad, si nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios. Debemos dialogar y estar abiertos a la realidad de la vida, para saber dialogar con la ciencia, con los no creyentes. Derribar los muros de los odios y prejuicios, que nos impiden ser más humanos.

Jesús escucha su petición y la hija quedó sana. Hoy, nosotros podemos ser sanados de muchas heridas, sino nos dejamos transformar por Jesús.

Jesús es el salvador de todos, en especial de los sencillos que reconocen a Dios y nos impulsa a vivir nuestra vocación misionera, como muy bien nos recuerda el Papa Francisco: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”(E.G. No. 49)

¿Nos abrimos a la Palabra de Dios para escuchar y  compartirla con los que no la conocen?

Fr. Héctor Herrera o.p.

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