Lunes 20 de Abril de 2020. A. 2ª Semana de Pascua

Inés de Montepulciano (1317)

Hch 4,23-31: Los llenó el Espíritu Santo. Salmo 2: Dichosos los que se refugian en ti, Señor. Jn 3,1-8: Hay que renacer de nuevo.

Jn 3,1-8: Narra el encuentro de Nicodemo con Jesús. Nicodemo es un fariseo influyente, representa la Ley. Está descontento, tal vez, con la actuación de los dirigentes judíos. Ha descubierto que Jesús viene de parte de Dios (cf. V.2)

Jesús lo conduce a la luz: “Te aseguro que si uno no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios (v.3) Nicodemo no comprende. Jesús nos quiere enseñar: ver el reino, es vivirlo en nuestra vida diaria.

Juan nos dice que el reino de Dios es vida. La vida está en Dios, viene de Él y vuelve a Él. Hemos nacido de nuevo, como personas para ya no hacer lo mismo, sino para cambiar y mejorar el estilo de vida.

Nacer de nuevo es practicar la compasión y la misericordia de Dios. Es sanar en el nombre de Jesús. Es lo que hicieron Pedro y Juan. Son encarcelados por predicar la Palabra de Dios, sanar al paralítico y haber anunciado la resurrección de Jesús. Una vez liberados se juntan de nuevo con sus hermanos, para orar a Dios: “Señor mira como nos amenazan, y da a tus siervos la valentía para anunciar tu palabra. Extienda tu mano para que sucedan sanaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús” (Hch 4,29-30).

También, hemos vivido una dura experiencia del coronavirus, que afecta la vida de miles de personas en el mundo. Puestos en oración hemos invocado como Iglesia la misericordia de Dios para sacar algo nuevo de esta situación. Hemos vuelto a orar. Hemos nacido de nuevo a la solidaridad y confianza entre nosotros mismos.

Hoy los cristianos de diferentes confesiones católicos, protestantes, ortodoxos son perseguidos por causa de su fe en Jesús. Hoy el Papa Francisco nos pide orar por estos seguidores de Jesús.

Todos necesitamos de Dios, su amor para realizarnos como personas y amar a los demás, practicando la justicia y la paz.

Nacer del agua y del Espíritu es tomar conciencia de ser amados por Dios que nos impulsa a crear un mundo más humano de amor, respeto, tolerancia y de reconciliación.

Necesitamos abrir nuestro corazón y nuestra mente para descubrir que el amor  a Dios se concretiza en una nueva manera de ser y de actuar, con nuestro prójimo.

¿Procuramos renacer cada día con Cristo para ser nuevas personas y para construir comunidades cristianas sólidas en la fe y solidaridad?

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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