Partió a la casa del Padre Fr. Lino Dolan Kelly, O.P.
† FR. LINO DOLAN KELLY, O.P.
Fr. Lino Dolan, o.p. deja una huella profunda en la Iglesia y en la historia de Chimbote, como profesor en diferentes centros educativos: San Pedro, Santa Rosa de Lima, Mundo Mejor, República Peruana. Promotor de la Universidad San Pedro, profesor en el seminario, dominicos.
Desde joven se interesa por los jóvenes, creando el Movimiento Juventud en Marcha, el Club dominico. Formador de varias generaciones laicos, religiosos dominicos y religiosas. Director de la Comisión de Justicia Social, promovió, defendió la dignidad y los derechos de los más pobres, como los desparecidos de Santa. Sufría, hacía suya la compasión de Jesús y de nuestro Padre Santo Domingo. Varón de oración y contemplación, escuchaba con atención la voz de los más indefensos. Asumió el Centro de Intercomunicación Social.
Luchó junto al clero, religiosas y laicos, por hacer de la Iglesia, una Iglesia pobre para con los pobres, samaritana, porque calladamente vendaba las heridas de las familias, que no tenían posibilidad de educación y apoyaba los jóvenes en sus estudios.
Acompañó a Mons. Luis Bambarén, segundo obispo prelado y luego al convertirse en la Diócesis de Chimbote. Confiaba en él y lo respetaba. Cuando arreció el terrorismo y tenía como blanco la Iglesia chimbotana, al asesinar el 09.8.1991 a los frailes conventuales franciscanos, Miguel y Zbigniew, Lino acompañó al Obispo Bambarén, como él lo recordó en la misa de las exequias, lloraron juntos, fueron a Casma. Luego vendría el otro mártir P. Sandro Dordi, el 25.8.1991. Asume el gobierno de la diócesis junto con Bertino Otárola, mientras se calma la situación. Oraba, se le notaba nervioso, pero siempre valiente, porque se sentía peruano con los peruanos, por eso se nacionalizó. Trabajó mucho por la justicia, la defensa de los derechos humanos. Por eso fue elegido Promotor de Justicia y Paz para la Provincia San Juan Bautista de Perú y a nivel de América Latina.
En 1994 a 2006, el Capítulo de la Provincia San Juan Bautista de Perú, lo elige como Provincial. Una de sus características era la obediencia a la Orden. Cuando lo veo en aquel entonces, yo venía de dar un curso de comunicación, en Ica. Le digo Lino y la Parroquia de San Pedro, “que no sabes nada”, le dije no. Con su característica humilde, he sido elegido provincial y voy camino a Cusco, por obediencia. Ese era Lino, un varón obediente a la voluntad de Dios y al servicio de sus hermanos.
Formó varias generaciones de dominicos. Preocupado por la predicación les daba cursos. Crea el Centro de Estudios dominicanos, para un mejor estudio, predicación y misión. Llega a ser Presidente de la CONFER. Une las entidades dominicas y trabaja por la unidad y misión de la Orden de Predicadores. Este año vio realizado su sueño de una orden misionera.
Cuando el Papa Francisco escribe Evangelii Gaudium, El evangelio de la alegría, al encontrarme con él, me dice “Héctor, que bueno el escrito del Papa, todo lo que habíamos hecho, está allí plasmado, nadie tiene que cuestionarnos”. Con alegría, le decía Lino, hemos hecho nada más lo que manda el evangelio de Jesús.
El 20.4.2018, día del nacimiento de Sta. Rosa, entregaba su vida a Jesús. Nadie, esperaba su partida, como escribían varios dominicos de diferentes países, hermanos y hermanas que lo conocieron, es una tristeza, pero un alegría de un dominico que hizo suyo el carisma de Santo Domingo, que como Párroco en Chimbote, San José Obrero, San Pedro, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y Santa Rosa en Chiclayo, dejó un ejemplo de pastor, siguiendo a su Maestro Jesús, lleno de compasión, misericordia, promovió su dignidad a través del estudio, como fuente de predicación y misión.
Lino, un misionero que se inculturó en la cultura peruana, se dejó evangelizar por los pobres, vivió pobre con sencillez de corazón. Amó a sus hermanos frailes, dominicas, monjas contemplativas y laicos. Formó al clero en los seminarios y casas de estudio. Se preocupó porque los jóvenes dominicos, tengan una mente abierta, un espíritu de investigación y una sed de misión en la evangelización y compromiso con los más pobres.
Fr. Héctor Herrera

