Jueves 07 de Mayo de 2020. A. 4ª Semana de Pascua
María de San José (1967)
Hch 13,13-25: Un salvador para Israel. Salmo 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Jn 13,16-20: Quien reciba al que envíe, me recibe a mí.
Jn 13,16-20: Jesús realiza un gesto de humilde servicio, lavar los pies de sus discípulos. Nos enseña a hacer lo mismo, porque un servidor, no es más que su maestro (cf. 16). Nuestra felicidad está en ayudarnos, servirnos los unos a los otros. Estamos ante una profunda experiencia de la pandemia, si nos fijamos en todo el personal de salud que aún arriesgando sus vidas vendan las heridas de los enfermos, comparten la alegría de Jesús sanando y dan fortaleza a los enfermos.
Recibir a una persona en el nombre de Jesús es recibirlo a Él y recibir a su mismo Padre. Es una relación trinitaria de comunión. Estamos llamados a ser signos visibles de esa historia de salvación. Cuanto hagamos a uno de los nuestros para bien o para mal, lo hacemos al mismo Jesús.
Cultivemos la Palabra de Dios allí en tu hogar, en este tiempo de confinamiento para que el amor, la comprensión, la atención del uno por el otro hagan de nuestros hogares, signos visibles del amor a Cristo y al que comparte contigo. Esto nos abrirá una visión diferente de saber acoger a quien más lo necesito. No son los bienes materiales sólo lo que nos hacen ser más solidarios, sino el amor y el trato entre las personas, la toma de conciencia de ese cuidado de la creación que gime de dolor por los maltratos y destrucción que ha hecho la humanidad.
Sirvamos con alegría, cuidemos el uno al otro, protejamos esa creación que Dios ha puesto en nuestras manos. Actúenos como nos enseña Jesús ama y sirve aún a quien no te ama.
Fr. Héctor Herrera op.

