Lunes 07 de Octubre de 2019. C. 27ª Semana T.0.
Ntra. Sra. del Rosario. Lect. Propias: Zac 2,14-17: Grita y alégrate hija de Sión, mira que yo vengo a morar dentro de ti. Sal Lc 1,46-55. Lc 1, 26-38: No temas María. Concebirás y darás a luz un hijo.
Jon 1,1–2,1-11: Se levantó Jonás para huir.Interleccional Jon 2: En el peligro grité al Señor y me respondió. Lc 10,25-37: ¿Quién es mi prójimo?
Nuestra Orden Dominicana, celebra a nuestra Señora del Rosario, contemplamos los misterios de la encarnación, vida, luz, pasión y resurrección de nuestro Salvador Jesucristo, que son los misterios de nuestra vida.
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1,28). Estas palabras del mensajero Gabriel la desconciertan. ¿Por qué Dios ha enviado al mensajero a la periferia, a Nazaret, una aldea insignificante y no lo ha enviado al centro religioso, Jerusalén?
“No temas María, que gozas del favor de Dios” (v. 30). Gabriel le anuncia algo muy importante no sólo a ella, sino a la humanidad “Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús” (v.31) Y continúa con ese diálogo cercano y tierno: “Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David su padre, para que reine la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin” (V. 33). Con estas palabras ha resumido el cumplimiento pleno de la promesa. Su reino durará para siempre, porque no será como los reinos de este mundo, Dios reinará sobre todo y sobre todas las cosas.
Ella responde libre y voluntariamente: “Yo soy la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra” (v. 38). La fe, la confianza en Dios, su disponibilidad y cercanía la hace cooperadora de la nueva creación. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14)
Desde el inicio del anuncio y la encarnación, nacimiento, persecución, huida a Egipto, adolescencia, crecimiento, pérdida en el templo, bautismo, predicación, transfiguración, cena, pasión, muerte y resurrección, nacimiento de la Iglesia está presente María, dándonos aliento, fe, fortaleza y esperanza que su Hijo y su Espíritu está en medio de nosotros.
El rosario o corona de rosas para María es el “compendio del evangelio” (Papa Pio XII). El rosario es: “Oración evangélica, centrada en el misterio de la encarnación redentora, el rosario es, pues, oración de orientación profundamente cristológica” (Exh. Marialis Cultus, Pablo VI). San Juan Pablo II: «El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio» (Carta Apostólica. Rosarium Virginis Mariae).
Entre los frailes destacaron en su difusión Fr. Alano de la Roche (1428-1478), quien definió la estructura del rosario y conformó las cofradías del Rosario. El Papa S. Pío V, el 17.12.1569, determina la forma definitiva del rosario. El 7.10.1572, ante la victoria de Lepanto sobre los turcos se establece la fiesta de la Virgen del Rosario. Contemplemos, como María la Palabra viva que es su Hijo. Ella creyó que Dios hace maravillas y se fija en los humildes. Asumió a Aquél que es vida y luz, quien compartió la alegría y el dolor humano, con su muerte nos trajo una nueva vida para que creemos una cultura de paz, basada en la dignidad de cada ser humano.
Fr. Héctor Herrera, O.P.

