Viernes 03 de Julio de 2020. 13a Semana T.0.
Tomás, apóstol (s. I)
Ef 2,19-22: Están edificados sobre los apóstoles. Salmo 116: Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio. Jn 20,24-29: ¡Señor mío y Dios mío!
Jn 20,24-29: Este pasaje se acerca a nuestra vida “ver para creer” Tomás no cree que Jesús está vivo, como le decían sus compañeros. Los desafía: “si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano en su costado no creeré” (v.25). También nosotros, tal vez, queremos ver para creer, nos parecemos a Tomás.
Jesús como el buen maestro va conduciéndonos a la fe, como lo hizo con Tomás. Jesús, toma la iniciativa, y dice, Tomás: “Mira mis manos y toca mis heridas. No seas incrédulo, sino hombre de fe” (v.27). Muchas veces no queremos ver las heridas ni sufrimientos de los millones que padecen el hambre, de los que quedarán más pobres por causa de la pandemia y de una economía que no piensa en el bienestar de las mayorías.
Basta que nos acerquemos a Jesús para abrir nuestros ojos y palpar a Jesús que está en medio de nosotros para darnos vida. Y confesar como Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!
Es en la experiencia del resucitado donde aprendemos a creer, confiar para ver, palpar que la vida surge, que vemos al resucitado, cuando amamos y defendemos la vida. Cuando comenzamos a cambiar de vida y de mentalidad, reconocemos a Jesús resucitado, que vence a la muerte del egoísmo para darnos paso a una nueva actitud.
Felices los que creen sin haber visto (v. 29). En el seguimiento a Jesús en nuestras comunidades cristianas, aprendemos a confiar en Jesús y abrirnos caminos a la esperanza que algo nuevo tiene que nacer después de esta pandemia.

