Martes 11 de Agosto de 2020. A. 19ª. Semana T.0.
Sta. Clara de Asís (1253)
Ez 2,8–3,4: Comí el volumen y me supo dulce. Salmo 118: ¡Qué dulce, ¡Señor, es al paladar tus promesas! Mt 18,1-5.10.12-14: No desprecies a los pequeños.
Mt 18,1-5.10.12-14: Los discípulos le preguntan al Maestro ¿Quién es el más grande en el reino de los cielos? (v.1). Llama a un niño y lo coloca en medio de ellos, representa los pequeños, a los que no son tomados en cuenta, los sencillos, esos son los preferidos de Jesús.
Esta es la misión de toda la Iglesia, no buscar los criterios de este mundo, el poder ni la promoción de sí mismos, sino el servicio y la entrega, con amor y respeto a los más necesitados, a los carentes de amor, educación, pan, trabajo, inválidos, enfermos, a los que el Papa Francisco llama los de la cultura del descarte, en lo que los han convertido las estructuras socio-económicas, educativas y políticas.
Jesús nos habla de una clara conciencia de compasión y de búsqueda del bien del otro. Es un llamado a la conversión de todos. A los que más tienen a vivir en serio la solidaridad de buscar mejores condiciones de vida para todos y a los que no tienen a tomar conciencia de su dignidad de personas y crear redes de solidaridad, que sean una manifestación del amor a Dios y al prójimo.
En 1210 cuando Francisco predicaba en la Catedral, al oír las palabras que él decía «este es el tiempo favorable… es el momento… ha llegado el tiempo de dirigirme hacia El que me habla al corazón desde hace tiempo… es el tiempo de optar, de escoger… sintió una gran confirmación de todo lo que venía experimentando en su interior. Clara, decidió seguir a Jesús, con los pobres, a quienes les daba esperanza de recuperar su dignidad, porque estaban abiertos a Dios, mientras los ricos ponían su dios en la riqueza. El 18.3.1212 se fugó de casa y comienza su vocación en la capilla de la Porciúncula, donde la esperaba S. Francisco con los hermanos menores. Se consagró al Señor. Francisco la puso como guía de las Damas Pobres.
Clara y Francisco rechazan a un mundo de opulencia, de injusticias sociales y de exclusión para seguir a Jesús. Ejemplo para todos, preocuparnos de solidarizarnos, educar, compartir con los excluidos de hoy, trabajando por su dignidad como personas, prevenir las causas de la informalidad que atenta contra la vida de los pobres, que trabajan en condiciones inhumanas, exponiendo sus vidas y donde siempre los inocentes son víctimas, sin que las autoridades se responsabilicen de la vida y la protección que merece todo ser humano. ¿Optaremos por seguir a Jesús, preocupándonos por los más indefensos?
Fr. Héctor Herrera op

