Jueves 20 de Agosto de 2020. A. 20ª. Semana T.0.

Bernardo, abad y doctor (1153)

Ez 36,23-28: Les daré un corazón nuevo. Salmo 50: Derramaré sobre ustedes un agua que los purificará. Mt 22,1-14: Invítenlos a la boda.

Mt 22, 1-14: La parábola está dirigida a los sumos sacerdotes: el Rey es Dios, celebra la boda de su Hijo, con un banquete. Dios nos prepara un banquete, una comida, hay alegría, es la victoria sobre la muerte. Es la figura del banquete de la que nos habla Is. 25,6-10. El primer invitado es el pueblo elegido, pero éste rechaza la invitación, a través de los dirigentes religiosos. Los invitados rechazan la invitación, maltratan a los criados, incluso al hijo. Dios nos enseña el banquete del reino, no excluye a nadie, ordena que vayan a los cruces de los caminos y traigan a todos: pobres y excluidos son introducidos en el banquete. ¿Cómo no iban a rechazar a Jesús aquellas autoridades religiosas que despreciaban a los pobres y enfermos?

La sala se llenó de comensales. El rey se fija en uno que no tenía el traje de fiesta, símbolo de salvación. Participamos del banquete del reino, si cambiamos de actitudes, si estamos en comunión con los demás. Decía San Bernardo: “El amor del Esposo, que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad”

Todos estamos invitados a celebrar la boda, el banquete del reino. Necesitamos el traje de fiesta, la alegría de saber compartir, la justicia honesta y ética, la verdad con transparencia y coherencia de vida, la paz fruto de la justicia y la reconciliación, la libertad de ser testigos de Jesús en el mundo, que cambia y vive la alegría del evangelio.

¿Nos revestimos diariamente de los mismos sentimientos de Jesús, amor, misericordia, promoción del otro?

Fr. Héctor Herrera op

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