Evangelio del día jueves 24 de septiembre de 2020. Semana 25 T.O.
Ntra. Sra. de la Merced
Ecl 1, 2-11 No hay nada nuevo bajo el sol
Salmo 89
Lc 9, 7-9: ¿Quién es éste del cual oigo decir semejantes cosas?
Jesús habla de una vida nueva. Predica el reino de Dios: el amor, la misericordia, la justicia y la paz. Sus palabras inquietan al poderoso El tetrarca Herodes decía: A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas? Y trataba de verlo El poderoso tetrarca de Galilea, tiembla como los poderosos de hoy ante este anuncio nuevo que va ganando adeptos y que en su mayoría son los pobres que lo acogen con esperanza de que su vida cambie.
El que mira con esperanza y fe encuentra vida y felicidad en todo y en los otros; el que mira con “ojos cansados y con oídos hartos”, no encuentra más que vaciedad y desesperanza. Lo mismo le pasa a Herodes; quiere mirar a Jesús, con curiosidad simple, sin fe, sin disposición para recibir lo que Él tiene que ofrecer, no como experiencia de conversión. Hoy como Iglesia, pueblo de Dios nuestra fe en Cristo, nos lleva a estar cercanos a los pobres y a los excluidos para conducirlos a un desarrollo integral. La diferencia radica en la mirada, en el ojo, y en el oído. Cuando conocemos y miramos a Jesús se transforma nuestro oído y nuestra mirada: nos abre a los otros, a la naturaleza, al mundo con ojos de esperanza e ilusión, nos provoca el deseo de comunicar vida.
Al recordar a nuestra Señora de la Merced, hacia agosto de 1218, hallándose Pedro Nolasco en oración, se le apareció la Santísima Virgen rodeada de ángeles y radiante de gloria, y no sólo le animó en sus intentos, sino que le declaró la histórica revelación de su misión mercedaria, y tal revelación fue la siguiente: “Que la obra de redimir cautivos, a la cual él se dedicaba, era muy agradable a Dios, y para perseverar en ella y engrandecerla y perpetuarla le transmitía el mandato de fundación de una Orden religiosa, cuyos miembros imitaran a su Hijo, Jesucristo, redimiendo a los cristianos cautivos de infieles, dándose a sí en prenda, si fuera menester, para completar la obra de libertad encomendada.” Así lo entendió Pedro Nolasco al fundar la Orden de la Merced en 1218 para liberar a los cautivos de los musulmanes. ¿Cómo actuamos como discípulos de Jesús en promover el reino de la vida y de la dignidad de las personas, en especial, los que son víctimas de la trata de personas?

