EVANGELIO DEL DÍA DOMINGO 28 T.O. CICLO A. D. 11.10.2020. MT 22, 1-14

A los que encuentren invítenlos a la boda
Este domingo se nos recuerda que otra de las características del Reino de Dios, el proyecto de Jesús, es la de un banquete. El Reino es una invitación al banquete nupcial que el hombre puede rechazar o aceptar responsablemente. Una vez aceptada la invitación es necesario cumplir con las exigencias del Reino que es ponerse el traje de bodas.
El profeta Isaías muestra en este texto que vendrá un tiempo de renovación plena de la vida y es simbolizada en un banquete. Este texto suele usarse en nuestras celebraciones de difuntos precisamente para animar nuestra esperanza en la vida eterna donde enjugará las lágrimas pues la muerte será aniquilada para siempre. Todos los pueblos estarán convocados a participar de esta gran fiesta. Este texto hace presente la certeza del futuro de Dios.
Pablo se encuentra encarcelado y desde ahí sigue enseñando y acepta agradecido el regalo de la comunidad de Filipos. Podemos decir que “el traje apropiado” del que habla el evangelio es precisamente la caridad para con el necesitado y fomentar la unidad y la comunión en la comunidad.
Después del símbolo de la viña encontramos hoy otra imagen fundamental de la Biblia: la del banquete, signo de comunión, de diálogo y de intimidad. A este banquete está invitada toda la humanidad sin distinción, sin embargo la parábola nos muestra que el ser humano puede elegir libremente. Los primeros invitados rechazan la propuesta porque están preocupados por ellos mismos, sus negocios, sus intereses y su injusta violencia. Son incapaces de valorar la generosidad de la comida. Hoy recordamos el grande peligro que encierra el individualismo. En el fondo es el que se cierra en sí mismo. Cuando no respondemos a la llamada de Dios los más afectados somos nosotros y junto con nosotros las personas con las que convivimos a diario.
Acudir al banquete de amor es estar dispuesto a aprender y desear vivir en comunión, en la solidaridad y cercanía que nos da el amor. Esta es la exigencia del Reino, “el traje apropiado”, para no ser “echado fuera a las tinieblas”. Los cristianos pensamos que por ser llamados, invitados, ya somos escogidos y no es así. La llamada de Dios es para todos sin excepción pero la respuesta a esa llamada debe mostrarse con nuestro testimonio y buenas obras. ¿Cómo aceptas la invitación que Jesús te dirige? ¿Cuáles son tus excusas? ¿Cuentas con el traje apropiado?
F/ Editorial Claretiana

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