Evangelio del día Jueves 22 de octubre de 2020. Semana 29 T.O.
Lc 12, 49-53: No he venido a traer paz
“Yo he venido a traer fuego a la tierra y cómo desearía que ya estuviera ardiendo” (Lc 12,49). Con estas palabras Jesús se refiere al fuego del Espíritu Santo. Nos manifiesta su misión, su vocación. Que en Él todo se hace nuevo. El fuego de Jesús es el reino de Dios que nos lleva la destrucción del pecado, el egoísmo, la purificación de la corrupción humana para emprender un nuevo camino de amor. El mismo pasará por el bautismo de fuego. Se refiere a su pasión. Para él su bautismo es signo de vida. Porque con su muerte y resurrección nos trae una nueva vida para dar mejor sentido a la historia en que vivimos.
Él es la paz. La paz que nos trae no es la paz del mundo que se impone por las guerras y las armas. La paz de Jesús divide porque es ponerse al lado de Jesús u oponerse a su proyecto. Y allí está la división. Cuando Él habla de la paz es la que se basa en el amor, en el respeto por la vida, dignidad de toda persona, en la justicia y en la libertad de los pueblos. Sin embargo, el mundo sigue dividido por la ambición y codicia de algunos pocos que no invierten en la solución de los problemas gravísimos que están destruyendo el planeta. El cambio climático es consecuencia y voracidad de las grandes potencias. Las guerras son fruto de la ambición, la destrucción del medioambiente de la minería informal que no pagan impuestos y que traen como consecuencia no sólo la destrucción de la naturaleza, sino la trata de personas y la falta del respeto por la vida. Esto es contrario al plan y misión de Jesús.
¿Conocemos a alguna persona que arda en caridad? ¿Cómo se aviva el fuego de Jesús en tu comunidad o en nuestros corazones?

