DOMINGO 31 T.O. CICLO A. D. 08.11.2020. MT 25, 1-13

SALGAN A RECIBIR AL ESPOSO

Para alentar a la comunidad a estar atentos y vigilantes ante la inminente llegada escatológica del Mesías, Mateo presenta una imagen muy común de su comunidad –la de la boda–. El novio que tarda en llegar será la imagen perfecta para invitar a la comunidad a estar siempre despierta. No era infrecuente que, en las bodas de la Palestina del primer siglo, las negociaciones para fijar la dote de la novia retrasaran la ceremonia. Nuestras vírgenes, a las cuales se les termina el aceite, parece ser que no tuvieron en cuenta estos pormenores. Mateo, a través de su evangelio, nos presenta a su comunidad: entre luces y sombras, fe e incredulidad, justos y pecadores, y ahora prudentes y necias.

La imagen de la boda/comunidad, es semejante a la red/comunidad que recoge en sus redes todo tipo de peces/personas, buenas y malas (Mt 13,48); al banquete escatológico donde encontramos comensales justos y pecadores (Mt 22,10); al campo donde crecen el trigo al igual que la cizaña (Mt 13,24-30); a la comunidad que amonesta a las personas que causan divisiones (Mt 18–19). Como podemos constatar, Mateo no romantiza su comunidad, porque en ella hay personas que se “duermen” y no esperan al “novio”.

El tema de la boda nos remite a la actitud de la amada del Cantar de los Cantares: Yo duermo, pero mi corazón vela (Cant 5,2). Velar, estar atentos, debe ser la actitud de todas las personas que hemos dado nuestra fidelidad al Novio/Cristo. La espera y el encuentro con el Novio es una actitud personal, por eso “no se puede compartir el aceite”. No es ingratitud de las “vírgenes prudentes”; porque: esperar, seguir y descubrir al novio, en medio de la cotidianidad y ordinario de la vida, requiere una fidelidad total a la propuesta de su Evangelio. Uno pensaría que esta parábola es para esperar la “segunda venida de Jesús”. La realidad es que el Novio, el Emanuel (Dios con nosotros), vive en medio de la comunidad y toma rostros y experiencias concretas: tiene hambre, sed, es migrante, está desnudo, enfermo y encarcelado (Mt 25, 35-36).

La comunidad no puede dormirse ante la incertidumbre de la espera escatológica y olvidarse del Dios que vive con su comunidad. Si somos incapaces de reconocer a Dios en nuestros hermanos y hermanas más pequeños (Mt 25, 40), corremos el riesgo de encontrarnos con la puerta cerrada y con la sentencia del Novio: Les aseguro que no los conozco.

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