Lunes 23 de noviembre de 2020. Semana 34 T.O.
Miguel Agustín Pro (1927)
Clemente I (s. I)
Ap 14, 1-3.4b-5 Han sido rescatados para Dios
Salmo 23:
Lc 21, 1-4: Una viuda daba limosna
Clara era una madre de catorce hijos e hijas. A todos había educado desde su pobreza con la venta de periódicos. Era una mujer de una profunda fe. Cuando alguien llegaba a su casa, decía con mucho cariño y generosidad: quédate a almorzar con nosotros. Compartimos la mesa. Era una mujer muy generosa. No hacía alarde de nada. Al contrario nos hace reflexionar en la viuda generosa del evangelio de Lc 211-4 a la que alaba Jesús por su generosidad: “Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto más que todos. Y refiriéndose a los ricos, Porque todos esos han depositado donativos de lo que les sobraba” (v.3-4). Con estas palabras cuestiona a nuestra sociedad, a veces algunos ricos traen las cámaras de la tv, los periodistas para hacer una donación a un hogar, o algunos eluden los impuestos para dar donativos de lo que les sobra para los pobres. Pero, en todo esto a veces no hay generosidad ni solidaridad. Porque lo que Dios quiere es que los que más tienen paguen los impuestos, den un buen salario a sus trabajadores y contribuyan a la educación, salud y justicia para con los más necesitados.
El pobre da aún de lo que no tiene, como diría Jesús de la viuda: “ella en su pobreza, ha puesto cuánto tenía para vivir” (v.4). Esto es lo que debemos aprender la ética de la generosidad y la solidaridad. El saber ver en el rostro de cada persona el rostro de Cristo. Saber trabajar desde cualquier institución del estado y empresas privadas en buscar en cómo mejorar la calidad de vida, educación, salud, responsabilidad social, política y económica. Pensar en el futuro del país. Promover líderes y no pensar solo en una tercera reelección mirando su propio interés y no los de la nación.
¿Somos generosos con Dios y con los demás, poniendo nuestros dones al servicio de los más necesitados?

