Evangelio del Viernes 16 de octubre de 2020

Margarita Ma. de Alacoque (1690)

Eduviges (1234)

Ef 1, 11-14 Han sido marcados con el Espíritu

Salmo 32:

Lc 12, 1-7: Los cabellos de su cabeza están contados

Jesús nos hace una clara advertencia: cuidarnos de la hipocresía. En el mundo de hoy se invierte mucho en armas y hoy en día en armas biologicas, se elevan los precios de alimentos en nombre del mercado, los medicamentos que se nos son necesario, excluyendo a los pobres.

“A ustedes mis amigos les digo que no teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más” (Lc. 12,4). Nos habla con ternura y cercanía para que tengamos esa libertad interior para actuar con coherencia.

Nos da la esperanza de poner nuestra confianza en Dios y como comunidad trabajar para crear un mundo más humano y justo, donde se respeten los derechos y deberes de cada persona. Porque nuestro Padre Dios vela por nosotros, pero requiere del esfuerzo y del reconocimiento como hijos para construir puentes de fraternidad y de solidaridad. Son grandes los esfuerzos de misioneras, laicos, sacerdotes que calladamente van tejiendo redes de solidaridad en los comedores, talleres de trabajo en bien de los más pobres.

América Latina continúa con las venas abiertas. Muchas catequistas, religiosas y sacerdotes han sido perseguidos, torturados y asesinados por causa del Evangelio. Han sellado con sangre sus palabras; han rubricado su seguimiento con la entrega de la vida. Asumieron el conflicto sabiendo que, a los ojos de Dios, su vida era más valiosa que la de los gorriones. ¿Experimentas la confianza en Dios? ¿Quieres hacer memoria de los mártires de tu país?

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