Viernes 14 de enero 2022 de la 1ª semana de Tiempo Ordinario.

Samuel 8, 4-7. 10-22°: Os quejaréis a causa del rey, pero el Señor nos responderá

Salmo 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Lc 7, 16: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

Marcos 2, 1-12: El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados

Está Jesús en Cafarnaúm predicando la Palabra de Dios y la gente va a escucharlo, pero Él permanece imperturbable ante la situación.

Cuenta el Evangelio de San Marcos que le traen a un paralítico, es una escena que se relata en los tres evangelios sinópticos. Cabe destacar que la gente quiere acercarse a Jesús por cualquier medio, y en este pasaje lo hacen a través del techo. Y podemos pensar cuáles son los obstáculos que nos impiden acercarnos a Jesús y cuáles de ellos superamos para conseguirlo.

Para Jesús lo más esencial es la fe que ve en estas personas: valora su fe y realiza una obra mesiánica como es perdonar los pecados. El corazón de Jesús es así: descubre lo esencial en el alma y va más allá de las apariencias. La gente lo busca para encontrar una curación material y Jesús, en el corazón de esos hombres, contempla su fe.

Además Jesús dialoga con los escribas, sabiendo lo que piensan, y les plantea la potestad que tiene para perdonar pecados. Ellos terminan admirados, diciendo que no han visto una cosa igual.

Marcos lo llama Hijo del hombre, título que designa al Mesías y expresión sacada del profeta Daniel. Jesús es el Mesías, es el Dios que ve el pecado pero no condena, perdona pero no juzga, y además habla con autoridad dando órdenes para que el paralítico tome su camilla y se vaya a su casa.

Hacer lo correcto, lo bueno, no siempre está bien visto; podemos pensar cuántas veces en nuestra vida actuamos correctamente, obrando el bien y sin embargo, como le pasa a Jesús, no somos bien vistos, somos juzgados y condenados. No dejemos por ello de actuar bien; nuestras obras tienen su recompensa, a veces aquí en la tierra y si no en la vida eterna.

Seamos capaces de cantar eternamente las misericordias del Señor con nuestras vidas, con nuestras actividades, con nuestro modo de ser, para que el nombre del Señor sea nuestro gozo y el Santo de Israel sea siempre nuestro rey. Dejémonos gobernar por Dios y nuestra vida tendrá un buen capitán y de este modo, también dirán de nosotros que no han visto una cosa igual.

F/ Dominicos.org

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