Viernes 27 de mayo 2022. Sexta Semana de Pascua
Beato Andrés Franchi
Hechos de los apóstoles 18, 9-18
Sal 46, 2-3. 4-5. 6-7 R/. Dios es el rey del mundo
Juan 16, 20-23a: Nadie os quitará vuestra alegría
El fragmento del Evangelio que estamos meditando pertenece al capítulo 16 de San Juan. Este capítulo tiene dos partes: la venida del Paráclito y la despedida, de ahí que hable insistentemente del sentimiento de tristeza y de alegría de los discípulos, de la Iglesia. Tristeza porque Jesús nos deja para volver al Padre (Jn 16,5); alegría porque nos envía su Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad que nos guiará hasta la verdad plena (Jn 16,13).
El texto de hoy forma parte de la despedida de Jesús. Hace referencia a la mujer que está a punto de dar a luz y está triste porque le ha llegado su hora. Esta imagen es muy utilizada por los profetas Isaías, Jeremías, Oseas, Miqueas, para significar el doloroso nacimiento del mundo nuevo mesiánico.
Nacer de nuevo exige morir a lo anterior y esto es doloroso. Morir a lo seguro, a lo fácil y cómodo. Morir a mi criterio, incluso a mi “imagen y concepto de Dios”. Morir a mi pecado, a todo lo que me esclaviza y me impide seguirle en libertad. Todo eso no es fácil, nos cuesta y nos produce tristeza. Pero sólo esa experiencia dolorosa nos permitirá nacer a la vida nueva en el Espíritu. Una vida en Cristo y en comunión con el Padre, impulsada por el Espíritu y en perfecta armonía con su voluntad. Sólo eso puede alegrar nuestro corazón y esa alegría no nos la puede quitar nada ni nadie.
Esta imagen que nos presenta Jesús en el evangelio de hoy, también se recoge en un bello himno pascual:
Pascua sagrada, ¡cantemos al Señor!
Vivamos la alegría dada a luz en el dolor.
Oración
No se turbe tu corazón ni se acobarde. Tan sólo, cree en mí. He venido para que tengas vida y vida abundante. Me deleito en ti con gozo, te renuevo con mi amor. Alégrate, no te dejaré, siempre estoy contigo, soy tu vida. Aunque todos te fallen, aunque todo se oscurezca a tu alrededor, yo estaré contigo para siempre, no te dejaré ni te abandonaré, dice el Señor que te quiere. Ven a mí y te daré lo que pide tu corazón. Hasta ahora no has pedido nada en mi nombre. Pide y recibirás para que tu alegría sea completa. Ese día no me preguntarás nada, sólo me dejarás amarte.
F/ Dominicos.org

