Los sacerdotes no deben ser «superhombres» sino personas humildes

El Señor nos invita a seguir sus huellas, a imitar su camino. Las palabras del discurso, no leído sino entregado, del Papa Francisco a los participantes en el curso para rectores y formadores de seminarios latinoamericanos se inclinan en esta dirección fundamental y esencial.

Uno de los retos más importantes en la formación sacerdotal, según el discurso entregado, es construir «verdaderas comunidades cristianas» que no sólo promuevan «un proyecto formativo coherente», sino también «una experiencia verdaderamente comunitaria en todas las dimensiones de la formación». A los sacerdotes en formación, el Papa les indica, en particular, una prioridad:

“’Es necesario renunciar a la inercia y al protagonismo y empezar a soñar juntos, sin lamentar el pasado, no solos, sino unidos y abiertos a lo que el Señor desea hoy como formación para las próximas generaciones de sacerdotes inspirados en las orientaciones actuales de la Iglesia».”

Los formadores, recuerda el Pontífice en el discurso entregado, están llamados a educar «con su vida, más que con sus palabras»: «la sintonía humana y espiritual de los formadores, en particular del rector del seminario, es una de las mediaciones más importantes en el acompañamiento formativo». Los formadores sacerdotales dan testimonio con su vida de lo que las palabras y los gestos «intentan transmitir en el diálogo y la interacción» con los seminaristas.

“La vida del formador, su constante crecimiento humano y espiritual como discípulo-misionero de Cristo y como sacerdote, sostenido y promovido por la gracia de Dios, es sin duda el factor fundamental del que dispone para dar eficacia a su servicio a los seminaristas y a los demás sacerdotes en su configuración con Cristo, Siervo y Buen Pastor.”

El Papa recuerda también que «la formación sacerdotal tiene como instrumento privilegiado el acompañamiento formativo y espiritual de todos». Debe garantizarse que cada seminarista tenga «una ayuda amplia y variada por parte de la comunidad de formadores, sin exclusivismos ni particularismos, pudiendo ser apoyado por sacerdotes de diferentes edades y sensibilidades, según las competencias específicas de cada uno».

El acompañamiento formativo debe permitir «a cada futuro pastor discernir y consolidar no sólo una auténtica vocación al sacerdocio, sino también el camino personal e irrepetible que el Señor le ha trazado para vivirlo y ejercerlo». En el texto entregado, el Papa expresa finalmente la gratitud de la Iglesia: «dedicad vuestra vida y vuestro ministerio a los futuros pastores, que serán vuestros hermanos en el presbiterio y que, unidos y bajo la guía del obispo, echarán las redes del Evangelio como auténticos pescadores de hombres».

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