Déjense guiar por el amor a la verdad y asombro por el universo

“Nunca pierdan este sentido de la maravilla, ni en su búsqueda ni en su vida; que siempre se dejen guiar por el amor a la verdad y asombrados por todo lo que les ofrece cada fragmento del universo”, lo escribe el Papa Francisco en su Mensaje a los participantes en la Escuela de Verano de Astrofísica del Observatorio Astronómico Vaticano.

Además, el Pontífice recuerda que, en estos últimos tiempos todos estamos fascinados por los grandes descubrimientos sobre el universo que nos ofrecen los astrónomos.

“Las maravillosas imágenes enviadas por el nuevo telescopio espacial James Webb nos dejan atónitos; y cuando el Observatorio Vera Rubin entre en funcionamiento, promete mostrarnos cómo el universo crece y cambia ante nuestros ojos. Lo que resulta especialmente sorprendente es la inmensidad del universo que estamos descubriendo. Es asombroso considerar su enorme tamaño y el increíble número de galaxias, estrellas y planetas que se han detectado”.

“Una gran tentación, tanto en ciencia como en filosofía, es intentar obtener sólo las respuestas que esperamos, mientras que también somos capaces de sorprendernos con novedades imprevistas. Por eso me gustaría decirles que no se conformen con los resultados de sus estudios hasta que también se sorprendan. Y aunque su mirada pase por la ventana de la astronomía, no olviden las otras ventanas que pueden mostrarles realidades importantes, como la compasión y el amor, realidades que también están encontrando en la amistad que crece entre ustedes estos días”.

El Papa Francisco concluye su mensaje volviendo a citar el Salmo 8, e invitando a los estudiantes a que, nunca pierdan el sentido de la maravilla, ni en su búsqueda ni en su vida; y que siempre se dejen guiar por el amor a la verdad y asombrados por todo lo que les ofrece cada fragmento del universo.

“Lo más asombroso de este universo es que contiene criaturas como nosotros, capaces de observarlo con asombro y de ‘cuestionarlo’. En efecto, cuando el salmista se pregunta: ‘¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo del hombre para que te ocupes de él?’, añade inmediatamente: ‘Verdaderamente lo has hecho poco menos que un dios, con gloria y honor lo has coronado’ (Sal 8,5-6)”.

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