Jueves 29 de junio 2023. Duodécima Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar

Santos Pedro y Pablo

Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12, 1-11

Salmo de hoy 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 R/. El Señor me libró de todas mis ansias.

Segunda lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Mateo 16, 13-19: «Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo? ¿Quién es el Hijo del Hombre?»

Celebramos hoy también la fiesta de San Pablo. Y su vida, igual que la de San Pedro, se divide en un antes y un después del brusco y, a la vez, reconfortante encuentro con Jesús. Su corazón quedó totalmente cogido por Jesús, como lo prueban algunas de sus expresiones: “Para mí, la vida es Cristo”. “Lo que era para mí ganancia, lo reputo ahora por Cristo como una pérdida. Es más, todo lo tengo por pérdida a causa del sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor por quien todo lo sacrifiqué y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.

No le entraba en la cabeza que alguien después de conocer a Cristo le diese la espalda: “¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, ante cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?”.

Desde el día de su conversión, San Pablo tiene grabado a fuego en su corazón que nunca se puede separar el amor a Dios, a Cristo, del amor a los hermanos. Persiguiendo a los cristianos oye la voz del Señor: “Yo soy Jesús Nazareno a quien tu persigues”.

Pablo predica a Cristo y su evangelio y quiere extenderlo no solo a los judíos, sino principalmente a los gentiles, a todo el mundo: “El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles”. “Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”, porque sabe que el evangelio es “poder y salvación” para todos los que lo aceptan.

La segunda parte de su vida, Pablo la dedicó a predicar el evangelio y no fue un camino fácil, pero Cristo le dio fuerzas para enfrentarse a todo lo que tuviera que enfrentarse: “peligros de ríos, de ladrones, de los de mi linaje, peligros de los gentiles, en la ciudad, en despoblado, en el mar, peligros entre falsos hermanos… trabajos fatigas, vigilias, ayunos”. Él sabía dónde tenía que apoyarse: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. A Pablo, Cristo, el amor de Cristo, le cambió la vida… y en medio de tantas adversas circunstancias por extender su buena noticia caminaba seguro: “Sé de quién me he fiado”.

Para terminar. ¿Podemos confesar con Pedro y Pablo que lo fundamental de nuestra vida ha sido y sigue siendo el encuentro con Cristo Jesús y que desde ahí vivimos todo lo demás?

F/ Dominicos.org

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