Viernes 05 de abril 2024. Semana de la Octava de Pascua

Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 1-12

Salmo 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

Juan 21, 1-14: Es el Señor

El reproche de los acomodados

Saber reconocer que otros son capaces de cambiar las situaciones injustas, hace que te muevas de tu zona de confort y que te plantees que tú también puedes colaborar en esa tarea, pero, si eso te supone plantearte la pregunta ¿Quiénes son estos para venir a decir o a hacer algo?, o lo que es lo mismo “¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?” (Hacer el bien o un favor a un enfermo), entonces es que vives en una situación de comodidad y que, aunque no sea la mejor forma de vivir prefieres estar así que trabajar para que todo vaya mejor.

Quizá ese sea el problema o la realidad que vivimos hoy, mientras a mí no me influyan directamente los problemas mejor seguir así que involucrarme en tareas de mejorar, quien prefiere dar un poco más para hacer las cosas mejor está mal visto, porque hace que otros vean a quienes no se molestan en dar nada más allá de lo puramente exigido.

Es más fácil conseguir tus objetivos, aunque eso suponga perjudicar a otros, que descubrir cómo avanzar en equipo para alcanzar metas que favorezcan el bien común. Si lo único que me importa en la vida soy yo, puede que llegue un momento en que la vida se vuelva tan difícil de asimilar porque no tendré a nadie que esté cuando necesito ayuda, que esté para celebrar algo conmigo, que me pregunte cómo me va o me salude al cruzarse conmigo en el camino, porque esa ha sido mi actitud previa que ha provocado recoger lo que yo he sembrado.

¿Eres capaz de salir de tu comodidad y unirte a los proyectos que mejoran la realidad que te rodea?

No perder la esperanza

Un día te levantas sabiendo los retos con los que te vas a enfrentar, sabes cuáles son las posibilidades, sabes que, a pesar de tener todo bien preparado para que haya más posibilidades de que salga bien que de que salga mal, también hay factores que no puedes controlar y se puede desequilibrar la balanza y torcerse el resultado. No pierdas la esperanza.

Si todo estuviera verdaderamente claro y supiéramos que, como en matemáticas dos más dos son cuatro, la realidad sería completamente diferente, no habría retos, no nos plantearíamos preguntas, no habría cuestiones que resolver, pero para eso existe, al igual que en las matemáticas, las variables, la probabilidad y el infinito. Para eso es para lo que necesitamos la esperanza.

Después de un duro trabajo y unos resultados desfavorables o negativos, lo que apetece es desaparecer, borrar lo ocurrido de la mente, cambiar completamente la situación para que la pena, el miedo, la rabia, la frustración no nos ahoguen, es cierto, pero, a medida que va pasando el tiempo, descubres que hay dos caminos: o abandonar y dejar todo atrás porque no hay nada que hacer, o partiendo de lo vivido coger un impulso nuevo y descubrir las diferentes posibilidades que se presentan tras esa experiencia, analizando aquello que ha salido mal, lo que no fue una mala idea, lo que se hizo bien y con todo eso y sin perder la esperanza, seguir adelante, en el mismo lugar o en otro, pero siempre aprendiendo.

¿Qué camino quieres elegir? ¿Sabes que siempre vas a tener una buena compañía? ¿Prefieres rendirte o seguir intentándolo?

F/ Dominicos.org

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