Sábado 27 de abril 2024. Cuarta Semana de Pascua
Beata Hosanna de Kotor
Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 44-5
Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4 R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios
Juan 14, 7-14: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre
Jesús, cuando predicó su buena noticia, fue aceptado por unos y rechazado por otros. Pues esa va a ser la tónica y la reacción ante Jesús y su evangelio hasta el final de los tiempos, al ser presentado por parte de sus predicadores ante los distintos pueblos. Esta primera lectura nos habla del rechazo de los judíos ante la predicación por parte de Pablo. Pablo, como buen judío y con el corazón dolorido, anuncia, junto con Bernabé, a sus hermanos judíos que como les rechazan se dedicarán a evangelizar a los gentiles. “Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron mucho y alababan la Palabras del Señor y… creyeron”. Algo que no les gustó y se las arreglaron, a través de “señoras distinguidas y devotas y de los principales de la ciudad, para perseguirles y expulsarles de su territorio”.
Pidamos, una vez más a Jesús, que nos siga convenciendo que su palabra es especial para nosotros, pues no solo es hombre sino también Dios, el Hijo de Dios. Y que nos siga convenciendo que la amistad que nos brinda, la buena noticia que nos brinda… es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y que no queremos dejarle por nada del mundo. Deseamos con fuerza seguir sus pasos. “¿A quién iríamos?”.
Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre
Da toda la impresión de que Jesús fue hablando de temas importantes a sus apóstoles poco a poco, cuando lo creyó oportuno. Uno de estos temas fue el del Padre. Jesús les habló de su Padre Dios en más de una ocasión, pero no parece que los discípulos entendieran todo lo que les decía de él. En este pasaje evangélico, el apóstol Felipe le pide que se deje de rodeos y les muestre claramente al Padre.
Y es entonces cuando le explica a Felipe, y a sus discípulos y a todos nosotros, la unión íntima que hay entre el Padre y él, algo a lo que nosotros, por nosotros mismos, nunca hubiésemos llegado: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre… ¿no crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?”. En otros momentos, hablándoles del Espíritu Santo les revelará que es también Dios y que está a la altura del Padre y del Hijo. De esta manera nos revela que el Único Dios son tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, a las que podemos acudir indistintamente con la convicción de que seremos escuchados, como nos indica Jesús de sí mismo: “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”.

