Evangelio del día 📖 martes 21 de mayo 2024. Homilía Domingo de Pentecostés
Beato Jacinto María Cormier
Primera lectura de la carta del apóstol Santiago 4,1-10
Salmo 54,7-8.9-10a.10b-11.23 R/. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará
Marcos 9,30-37: “ ¿De qué discutíais por el camino? ”
¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros?
Después de haber celebrado la cincuentena pascual, los textos nos han ido dejando claro, que la iglesia comienza a abrirse camino en el mundo. Jesús, expresa que no va sola, sino que es su mismo espíritu quien va haciendo que pueda salir adelante. Sin embargo, se tiene que enfrentar a los desafíos del mundo y a la limitación humana, con lo cual cuesta en ocasiones dar testimonio. El mismo Cristo, da un encargo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15) como un signo de ser testigos, en medio de las adversidades, que la compasión que Dios ha soñado para la humanidad llega a través de aquellos que se han sumado a la empresa de Cristo.
Ahora bien, nos topamos de lleno, con los obstáculos que nos impiden ser realmente testigos creíbles: «Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo» (Rom 7,19). Sabemos realmente lo que está bien y lo que no. Hay cosas que tampoco nos gusta que nos las hagan… ¡Y qué difícil es vivir en clave fraterna! Por ello, Santiago, hace una llamada a examinarnos en conciencia. Esa pregunta: «¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros?», es un llamado, a que a la luz de Dios, observemos nuestras actitudes, acciones, palabras, gestos, para ver si realmente se ajustan al seguimiento de Cristo o por el contrario ponen en el centro de la vida el lado más salvaje que tenemos, el cual, no nos lleva a vivir en unidad, fraternidad, comunión, como verdaderos hermanos.
¿De qué discutíais por el camino?
Nos encontramos en el capítulo nueve del evangelista Marcos, el cual, es de una frescura impresionante a la hora de hablar del proceso de la fe y del compromiso cristiano. Es como si el pasaje se hubiese redactado ayer por la tarde, como si hiciese una radiografía de cómo nos encontramos muchas veces los cristianos: «Creo, pero ayuda mi falta de fe» (Mc 9,24). Es el caldo de cultivo con el que nos batallamos a diario, hay tantas ocasiones en las que nos faltan luces, entendimiento, para saber discernir correctamente lo que debemos hacer en la vida. Nada distinto, al proceso que tuvieron que hacer los doce cuando decidieron seguir a Jesús.
Se nos presenta el segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección que Jesús hace al discipulado. Algo que no encaja en las entendederas de aquellos pescadores que lo han dejado todo para seguir al Mesías de Dios. Supongo que pensarían en que este Mesías sería alguien fuerte, con poderío económico, palacios, guardias, algo que se asemeje al triunfo que presenta la sociedad hoy día. Así, también se nos narraba el cuento de la lechera, al vivir de proyectos que nunca llegaban, con esta leche que venda compraré… Un mal paso en el camino, el cántaro al suelo y adiós a la empresa. Las categorías humanas no van con el proyecto de Dios. Así también, nosotros nos hacemos una religión a la carta, algo que calme nuestra conciencia y que queda lejos de los que Dios espera de cada uno de nosotros.
Sin embargo, no todo vale en el ser cristiano. Hay que dejar claro que rebajamos muchas veces el listón de la exigencia que tiene el ser discípulo de Cristo. Jesús manifiesta: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). Por tanto, nos muestra otra categoría distinta de la sociedad actual: La vida, que es un regalo, la tenemos para darla, ofrecerla, entregarla, regalarla, en el proyecto del Reino de Jesús, que tiene como fundamento el mandato nuevo de vivir en la fraternidad de los hijos de Dios, de este modo, serás grande a los ojos de Dios. Que es lo que importa en la vida.
F/ Dominicos.org

