Martes 16 de julio 2024 Evangelio del día. Decimoquinta semana del Tiempo Ordinario – Año Par

Nuestra Señora del Carmen

Primera lectura del libro de Isaías 7, 1-9

Salmo 47, 2. 3-4. 5-6. 7-8 R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre.

Mateo 11, 20-24: ¡Ay de ti!

Las palabras de parte de Dios, que Isaías trasmite al rey Ajaz, parecen muy apropiadas para este día: «Conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca.» Hoy la Iglesia celebra a María bajo su advocación del Carmen. La presencia de la Virgen está íntimamente vinculada a la acción de Dios en medio de los momentos difíciles de la vida. Podríamos establecer un paralelismo entre las palabras del profeta y las de María en Guadalupe: «Oye y ten por entendido hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no turbe tu corazón. ¿No estoy aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?» Con Dios, desde la experiencia de María, afrontamos las tormentas del mar de la vida y es la estrella que alumbra nuestro encuentro con el Dios de la vida.

Tiempo para la interioridad

Jesús durante tres años desarrollo su misión a orillas del Mar de Galilea. Las ciudades que hoy se citan son las que recibieron su enseñanza, vieron sus acciones y comprobaron la convicción de sus opciones por el Reino. Sin embargo, no todos abrieron su corazón a la propuesta del Maestro. Las palabras de hoy cuestionan y ayudan a pensar: ¿Qué ha cambiado en sus vidas? ¿Qué dinámicas sociales ha surgido a partir del paso de Jesús por estas ciudades? Estas preguntas y otras que vayan surgiendo también nos pueden ayudar a nosotros a romper con nuestras inercias y dejarnos interpelar por la persona y el mensaje del Señor. Como nos recordaban las palabras de los obispos vascos en una carta pastoral de Cuaresma: «Vivir desde dentro no significa vivir replegado sobre uno mismo y cerrado a la vida, sino hallar el espacio donde la persona pueda encontrarse con Dios y desde donde puede comenzar a vivir su existencia entera con un sentido, una fundamentación y un horizonte último. Para ello es necesario aprender a detenerse, hacer silencio y crear ese clima de recogimiento personal indispensable para reconstruir nuestro interior.»

F/ Dominicos.org

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