La Palabra de Dios nos pide que cambiemos nuestra mirada y que nos dejemos transformar el corazón a imagen del de Cristo
Viviendo la Palabra del Señor para que no quede como «una bonita idea abstracta, o suscitando sólo la emoción del momento», la Palabra de Dios nos pide que cambiemos nuestra mirada, que nos dejemos transformar el corazón a imagen del de Cristo, continuó el Papa; nos llama a echar con valentía las redes del Evangelio en medio del mar del mundo, “corriendo el riesgo” de vivir el amor que Él nos ha enseñado y ha vivido primero.
El papa nos recuerda nuestra fragilidad humana, nunca faltan los obstáculos y las excusas para decir que no, pero nos anima a fijarnos en la actitud de Pedro: «había pasado una noche difícil en la cual no había pescado nada, estaba cansado y decepcionado; sin embargo, en vez de quedarse paralizado en ese vacío y bloqueado por su fracaso, dice: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes» (Lc 5,5). Si tú lo dices, echaré las redes. Y entonces sucede lo insólito, el milagro de una barca que se llena de pescados a tal grado que casi se hunde (cf. Lc 5,7)».
Por último, Francisco recordó hoy la memoria litúrgica dedicada a Santa Teresa de Calcuta, «que incansablemente cuidó a los más pobres y se hizo promotora de la paz y del diálogo, decía: “Cuando no tengamos nada que dar, demos ese nada. Y recuerda: aunque no tengas nada que cosechar, no te canses nunca de sembrar”. A los fieles de Indonesia, les animó a que tampoco ellos se cansen de «zarpar y echar las redes, no se cansen de soñar y de seguir construyendo una civilización de paz. Atrévanse siempre a soñar en la fraternidad. Con la Palabra del Señor, los animo a sembrar amor, a recorrer confiados el camino del diálogo, a seguir manifestando vuestra bondad y amabilidad con la sonrisa típica que los caracteriza, para ser constructores de unidad y de paz. Y así difundirán el perfume de la esperanza en su entorno, dijo.

