Jubileo, tiempo de renacimiento y encontrar a Dios

El papa Francisco, al inicio de su predicación, en la Sinagoga de Nazaret, Jesús retoma este horizonte judío del Jubileo, dándole un sentido nuevo y último: Él mismo es el rostro de Dios bajado a la tierra para redimir a los pobres y liberar a los prisioneros, venido para manifestar la compasión del Padre hacia los que están heridos, caídos o sin esperanza.

Nos dice, Jesús, en efecto, viene a liberar de toda esclavitud, a abrir los ojos a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos (cf. Lc 4,18-19). En tal programa mesiánico, el Jubileo se amplía para abarcar todas las formas de opresión de la vida humana, convirtiéndose así en ocasión de gracia para la liberación de los que están en la cárcel del pecado, de la resignación y de la desesperación, para la curación de toda ceguera interior que no nos permite encontrar a Dios y ver al prójimo, para despertar de nuevo la alegría del encuentro con el Señor y poder así reanudar el camino de la vida en el signo de la esperanza.

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