Cuando el Estado traiciona a sus artistas
El arte no se improvisa, se cultiva con esfuerzo, talento y dedicación. Y como cualquier otra labor, debe ser justamente remunerada. Sin embargo, la nueva propuesta legislativa aprobada en la Comisión de Cultura del Congreso pone en peligro uno de los derechos más esenciales para los artistas del audiovisual peruano: el derecho a percibir regalías por la comunicación pública de sus obras.
Las regalías son, para miles de artistas, no solo una fuente de ingresos sino la base de su acceso a beneficios sociales fundamentales: salud, sepelio, apoyo al adulto mayor, programas de asistencia cultural, entre otros. Negar este derecho no solo seria injusto: se trataría de un retroceso que vulnerará principios constitucionales y compromisos internacionales en los que está inmerso el Perú.
Inter Artis Perú lo ha dicho con claridad: “No son un regalo, son un derecho”. Y es exactamente eso. Este derecho está respaldado por tratados internacionales ratificados por el Estado peruano. Desconocerlo es no solo un atropello a los trabajadores del arte, sino una falta grave que puede poner al país en falta frente a sus obligaciones legales internacionales.

Lo más alarmante es que este cambio ha sido hecho sin el debido diálogo con los gremios del sector, ignorando recomendaciones trabajadas por organizaciones como Inter Artis Perú. ¿Qué clase de legislación cultural se construye sin los propios artistas? ¿Cómo se puede hablar de modernizar el sector si se excluye a quienes lo sostienen día a día desde los escenarios, los estudios y las pantallas?
La aprobación unánime de la nueva Ley del Artista parecía ser un paso en la dirección correcta. Sin embargo, este recorte de derechos pone en duda la verdadera intención del dictamen. ¿Se quiere realmente dignificar al artista o simplemente maquillar una deuda pendiente con una ley sin sustento real?
No se puede celebrar un avance si en el camino se arrasan derechos fundamentales. Los artistas merecen una ley que los escuche, los proteja y reconozca su trabajo. No una que les arrebate lo poco que han conseguido con años de lucha. Eliminar las regalías no es modernización. Es desprotección. Es retroceso. Es un acto de injusticia.
Redacción Julio Mamani

