Para el estómago y el bolsillo
Bajo el sol de la mañana, el Mall Aventura Plaza abrió sus puertas al público. Al mismo tiempo, ese mismo 6 de julio, todos los centros comerciales del Perú hicieron lo mismo.
Lo que parecía un fin de semana común para los trabajadores de las demás tiendas no lo sería para los de KFC, que desde las 8 de la mañana estaban preparándose para recibir a quienes llegarían 3 horas después.
Y tal como se esperaba, a las 11 en punto de la mañana empezó a tomar forma. La figura de un monstruo que ganaba cabeza tras cabeza hasta que superó las 60, en forma de un ciempiés, se presentó ante la caja registradora. Hambriento, más que de comida, de promociones.
Porque ese domingo era el “Día del Pollo Frito”, y la cadena de comida rápida había lanzado una promoción de 6 piezas de pollo, a solo S/19.90. Ante un precio tan bajo, todo Arequipa y todo el Perú buscó alcanzar, al menos, un balde.
Aunque el anuncio decía que la promoción duraría hasta las 3:00 pm, se dejó claro que el stock podía acabarse antes, y con la cantidad de personas que llegó a penas abrían los locales, en poco tiempo se convirtió en una guerra.
Las 11am, se convirtieron en 12. Las 12, en 1pm. Y aunque la fila avanzaba, no se reducía.
El sol estaba en su cenit, y la cola se extendía hasta fuera del centro comercial. No importaba el calor, ni el sudor, ni el cansancio. Solo aprovechar una oferta para ahorrar unos cuantos soles en el bolsillo.
Y mientras surgía el caos entre discusiones por quienes se escurrían a un lugar más próximo al mostrador, gorritos rojos en la cocina se movían de un lado a otro entregando y anotando pedidos, gritando tantos nombres que perdían la cuenta, pero que fácilmente y habían superado los 100.
Entonces el reloj marcó la 1:10pm, y en las oficinas se tomó una decisión. La promoción debía terminar.
Pero, ¿cómo hacerlo sin despertar la ira del comensal formado, aunque ya empezara a sospechar?
Por orden superior, dos empleadas del personal salieron de la cocina, y se acercaron a la última parte de la fila. A cada paso que daban, el temor crecía quienes estaban al final.
Tal como Moisés separó las aguas, un brazo separó a los últimos en la cola, anunciando «hasta aquí llegan las promociones».
Entre discusiones y reclamos, una tercera trabajadora se colocó en la fila, unos cuantos lugares después de donde había marcado la primera advertencia. Cuatro afortunados que habían quedado fuera al principio, ahora habían regresado al juego, ahora más determinados a conseguir su objetivo.
A las 2:30 pm, oficialmente, el último cliente recibió su promoción en el KFC del Mall Aventura Plaza. Sin embargo, la cola seguía del mismo tamaño, en búsqueda de alguna otra promoción que pueda satisfacer su estómago y su billetera.
Redacción Andrea Ramos

