Los que no llegaron

La mañana del 10 de julio, las postales que debían captar los viajeros en el Mirador del Colca o en los claustros de la Compañía fueron reemplazadas por imágenes de terminales vacíos, ventanillas cerradas y buses detenidos en medio de la nada. Los bloqueos en tres puntos clave de la Panamericana Sur, Chala, Ocoña y Alto Siguas, paralizaron el acceso terrestre a Arequipa. En Lima, los andenes del terminal de Atocongo lucían desiertos, mientras los turistas cancelaban reservas, reprogramaban vuelos o cambiaban de destino. De acuerdo con el Gerente Regional de Turismo, Jorge Meza Cruz, Machu Picchu, una vez parte del recorrido final, se convertía ahora en el único objetivo posible.

A diez días del inicio del paro minero, los efectos ya eran demoledores: cerca de 2 mil turistas, en su mayoría extranjeros, dejaron de ingresar a Arequipa, y se estimaba que al menos 10 mil más no llegarían si la situación se prolongaba, según Meza Cruz. Un 30% de visitantes, que solían recorrer el circuito Lima–Paracas–Nazca–Arequipa, decidió eliminar esta última parada de su itinerario. La imagen turística de la región, trabajada con paciencia desde la pandemia, se vio afectada de nuevo, justo cuando se esperaba una temporada alta de visitantes. Los bloqueos no solo interrumpen el tránsito de buses: interrumpen también los planes, la confianza y el deseo de volver.

El origen del caos no está en una falla climática ni en un accidente masivo, sino en la protesta de miles de mineros artesanales e informales que, desde el 30 de junio, bloquean los kilómetros 618 y 782 de la Panamericana Sur, a la altura de Chala y Ocoña. La razón: el rechazo al Decreto Supremo N.° 012-2025-EM, que extiende el plazo del proceso de formalización minera hasta diciembre del 2025, pero que también establece condiciones técnicas que excluyen a unos 50 mil mineros informales del Registro Integral de Formalización Minera (Reinfo). Lo que empezó como una protesta intermitente, con treguas diarias para dejar pasar vehículos, se volvió una medida radical: solo una hora de paso al día, dejando varados a cientos de buses, camiones y autos particulares. El turismo fue uno de los primeros sectores en resentir la crisis: el 80 % de las reservas turísticas en Arequipa, Cusco e Ica se cancelaron, según reportó la Cámara Nacional de Turismo (Canatur). Los operadores suspendieron los viajes, los viajeros cancelaron sus tours, y las pérdidas empezaron a contarse en millones.

Las cancelaciones rompieron cadenas de reserva ya confirmadas y, en algunos casos, dejaron a pequeñas empresas al borde del colapso. Carlos Loayza, gerente general de Canatur, advirtió que la imagen del Perú como destino turístico confiable se está deteriorando peligrosamente. “La percepción de inestabilidad ahuyenta al viajero extranjero y desalienta inversiones”, alertó. En Arequipa, donde recién se comenzaba a consolidar una recuperación tras los años duros de pandemia, el temor es que la temporada alta termine antes de comenzar. La incertidumbre paraliza las decisiones, y las agencias del exterior ya están reprogramando o eliminando Arequipa de sus circuitos. La herida estaba abierta y podía dejar cicatrices profundas en el turismo regional.

Con la Panamericana Sur cerrada y el transporte interprovincial paralizado, muchos turistas optaron por los vuelos comerciales. El resultado: un aumento de hasta el 50 % en los precios de los pasajes aéreos. Jorge Valderrama, expresidente de la Asociación de Viajes y Turismo de Arequipa (AVIT), advirtió que esta situación está desalentando la llegada de viajeros. “Los boletos están caros, no hay espacios y los pocos que hay tienen tarifas altísimas que el público no esperaba”, señaló. Para quienes planificaban visitar la región en Fiestas Patrias o en el marco del aniversario de Arequipa, la improvisada alza de precios ha significado cancelar o posponer sus viajes. Valderrama estimó que el turismo pierde más de cinco millones de soles diarios por los bloqueos, una cifra que golpea aún más en estas fechas clave para el sector. Mientras tanto, el terminal terrestre permanece inactivo: la venta de pasajes hacia Lima y el norte del país fue suspendida indefinidamente. Los puntos más críticos, en Chala, Ocoña y Alto Siguas, seguían tomados por entre mil y ocho mil mineros informales, aislando a Arequipa de su principal conexión terrestre con el resto del país.

El impacto de los bloqueos no se limita a Arequipa. A más de 350 kilómetros al sur, en Tacna, la crisis ya sumaba seis días consecutivos sin conexiones terrestres hacia Lima ni hacia Arequipa. En el terminal terrestre Manuel Odría, decenas de turistas extranjeros, muchos de ellos procedentes de Chile o en tránsito hacia Venezuela y Ecuador, aguardaban sin certezas, atrapados por una protesta que ha paralizado las rutas. Los buses no salen, los pasajes están suspendidos y la única opción es esperar o aventurarse por rutas alternativas plagadas de incertidumbre. La situación, sin embargo, también golpea a los tacneños: ya se reportan escasez de frutas, GLP y productos esenciales. Pese a los mensajes tranquilizadores del Ejecutivo, la realidad en los mercados habla de desabastecimiento. La paralización ha traspasado el impacto turístico, comprometiendo ahora la vida diaria y el abastecimiento en toda la región sur.

Todo este panorama refleja una realidad alarmante: una protesta que empezó como reclamo por parte de los mineros informales ha terminado por afectar gravemente al turismo, al transporte, al comercio y al prestigio del Perú como destino internacional. De acuerdo la Canatur, las cancelaciones de reservas llegaron al 80 %, y las pérdidas superan los cinco millones de soles diarios. Todo el circuito turístico del sur se encuentra fracturado. En plena temporada alta, cuando se esperaba el desarrollo de una reactivación sostenida, Arequipa vuelve a ver truncadas sus aspiraciones. La recuperación no será fácil si no se prioriza el diálogo y la estabilidad como una verdadera política de Estado. El turismo, ese sector que tanto costó reconstruir, no puede seguir siendo víctima de los conflictos sociales.

Redacción David Mendez

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