“… San John Henry Newman sintetizaba con la expresión cor ad cor loquitur —“el corazón habla al corazón”—, y que san Agustín recomendaba diciendo: «No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad» … Son expresiones que invitan a considerar la formación como un camino en el que maestros y discípulos caminan juntos … conscientes de no buscar en vano, pero, al mismo tiempo, sabiendo que deben seguir buscando incluso después de haber encontrado. Sólo este esfuerzo humilde y compartido —que en los contextos escolares se configura como proyecto educativo— puede acercar a alumnos y docentes a la verdad.”
Citando a san Agustín, explicó que el amor a Dios es primero en el orden de los mandamientos, pero el amor al prójimo es primero en el orden de la acción. El Papa invitó a los educadores a ser constructores de paz y de diálogo, especialmente con los más frágiles y excluidos. También advirtió sobre el riesgo de una sociedad que no valora suficientemente el papel del maestro. “Dañar el papel social y cultural de los formadores es hipotecar el propio futuro”, expresó con firmeza, subrayando que la crisis en la transmisión del saber puede convertirse en una crisis de esperanza.
“Compartir el conocimiento no basta para enseñar, se necesita amor. Sólo así el conocimiento será provechoso para quien lo recibe, en sí mismo y, sobre todo, por la caridad que comunica. La enseñanza nunca puede separarse del amor…”