Sábado 28 de marzo del 2026 – Quinta semana de Cuaresma
Primera Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28
Salmo, Jer 31, 10. 11-12ab. 13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño
Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
Reflexión
Realmente este relato de hoy es inquietante y nos dice muchas cosas. Los evangelios, escritos para todo tiempo, nos llevan a reflexionar en un tiempo de violencia, guerra, prepotencia, mentira… un tiempo que nos inquieta y que, muchas veces, nos hace sentir impotentes porque nuestra pequeñez se ve superada por la magnitud de la muerte provocada por el poder y la ambición de unos pocos.
Cada día más, los especialistas en la Palabra de Dios, están convencidos de que fue la resurrección de Lázaro lo que llevó a Jesús a la muerte: el poder religioso se vio tocado profundamente por la vida que Jesús daba y cómo la gente iba creyendo en Él cada vez más.

