Lunes 30 de marzo del 2026 – Semana Santa
Primera Lectura del libro de Isaías 42, 1-7
Salmo 26, 1. 2. 3. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación
Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Reflexión
Pasó el domingo de Ramos. Los hosannas y los aleluyas se han apagado. El pueblo exultante ha perdido la voz. Poco duró el entusiasmo. Los lunes son días de vuelta a la rutina. Jesús sabía bien lo que iba a pasar y asumió las consecuencias. No se echó atrás. Cumplir la voluntad del Padre es su objetivo y lo cumplirá.
Este lunes comienza a horadar nuestro interior para que el dolor tenga un hueco en nosotros y no seamos duros de corazón. En esta semana que comenzamos, hemos de saber custodiar el silencio; convertirnos en vigías de cada uno de los pasos que Jesús va a dar.

