Jueves 02 de abril del 2026 – Homilía Jueves Santo
Primera Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14.
Salmo 115, 12-13. 15-16. 17-18 R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo.
Segunda Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26.
Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».
Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».
Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».
Reflexión
Sobran las palabras. Una imagen nos lo dice todo. Al ver a Jesús arrodillado ante cada apóstol en el gesto servicial de lavar los pies descubrimos lo que fue su vida y el sentido de nuestra existencia. Sin palabras nos enseña que el amor al prójimo, sin límites, y arrodillado si hace falta, es el distintivo del discípulo de Cristo. Que nos amemos, sólo eso nos pide. Nada más y ¡nada menos!
Hoy todos estamos invitados a cenar. Es una cena de despedida en la que no falta tristeza, nostalgia, confidencias, y emoción. Cada templo hoy es un cenáculo. Alrededor de cada altar, en familia, los cristianos nos reunimos este día solemne. Hoy convergen la Eucaristía, el amor fraterno y el sacerdocio. Tres momentos de un mismo paso. La Eucaristía confiada a la Iglesia mediante el Orden Sacerdotal es memorial de su entrega. Desde ella somos enviados a hacernos también nosotros pan, un pan partido, y compartido para el mundo.

