Jueves 28 de mayo del 2026. Octava semana del Tiempo Ordinario

Jesucristo Sacerdote

Primera lectura del libro del Génesis 22, 9-18

Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10-11ab. 17 R7. Aqui estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Mateo 26, 36-42: La obediencia que se hace camino de entrega

“Velar y orar con Cristo en la hora de la prueba”

En Getsemaní entramos en el corazón mismo de Cristo. Ya no es la figura de Abraham, sino el Hijo que vive en su propia carne la entrega total.

Jesús se retira a orar. Siente el peso de la angustia, la cercanía de la cruz, la debilidad de la carne. Y en medio de todo, dirige su mirada al Padre: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.”

Aquí se revela el verdadero combate. No es solo el sufrimiento, sino la obediencia. Jesús no suprime su deseo humano —lo expresa con verdad—, pero lo entrega. No hace lo que quiere, sino que quiere el querer del Padre.

Mientras tanto, los discípulos duermen.

Jesús les había pedido algo muy sencillo y, al mismo tiempo, muy exigente: “Velad conmigo.” Velar es permanecer, estar, acompañar. Orar es abrir el corazón a Dios. Y, sin embargo, la debilidad puede más. “El espíritu está pronto, pero la carne es débil.” les dijo Jesús a sus discípulos, aquellos que le habían acompañado al huerto de los olivos.

¡Qué cerca nos queda esta escena! También nosotros queremos, pero no siempre podemos. En muchas ocasiones somos Pedro, Santiago o Juan y, a ellos como también a nosotros nos vence el cansancio, la dispersión, la huida.

Y, sin embargo, Jesús no retira su invitación. Nos sigue llamando a velar y a orar con Él. A no vivir desde nuestros impulsos, sino desde la relación con el Padre. A sostenernos en la oración, especialmente en los momentos de prueba.

Getsemaní es escuela de fidelidad. Allí aprendemos que la oración no elimina la lucha, pero nos permite atravesarla. Que la verdadera libertad está en adherirse a la voluntad de Dios. Y que acompañar a Cristo —aunque sea desde nuestra pobreza— es ya participar de su entrega.

Pidamos al Señor que nos conceda tener siempre fijos los ojos en Jesús, y que nos haga capaces de vivir en disponibilidad, en servicio y en entrega por amor, como Él. Que aprendamos a velar y a orar en medio de nuestra debilidad, confiando no en nuestras fuerzas, sino en su gracia. Y que, como Él, sepamos decir cada día: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.”

F/Dominicos.org

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