Una jornada para decidir en rumbo de la UNSA
Desde antes de las nueve de la mañana, los pasillos de la Universidad Nacional de San Agustín comenzaron a recibir un flujo distinto al de cualquier viernes académico. Esta vez no eran estudiantes apresurados por llegar a clases ni docentes camino a un aula. Eran miles de integrantes de la comunidad universitaria que acudían a ejercer su voto en las elecciones generales para elegir al rector y vicerrectores que conducirán la casa agustina durante el periodo 2026-2031.
La jornada electoral obligó a suspender las clases presenciales y convirtió a los campus de Ingenierías, en la avenida Independencia, así como a las filiales de Camaná, El Pedregal y Mollendo, en grandes centros de votación. Desde temprano, docentes, estudiantes y personal administrativo formaron filas frente a las 169 mesas instaladas por el Comité Electoral, portando únicamente su Documento Nacional de Identidad, requisito indispensable para emitir su voto.
El proceso no estuvo exento de expectativa. Ocho listas competían por dirigir una de las universidades públicas más importantes del sur del país, en una elección que había sido reprogramada tras un mandato judicial que ordenó reincorporar a tres candidatos previamente excluidos. La decisión modificó el escenario electoral y amplió las opciones para el electorado universitario.
En los días previos, las propuestas de los candidatos dominaron los pasillos de la universidad y también las redes sociales. Una encuesta difundida por la página Confesiones UNSA, elaborada con la participación voluntaria de 442 usuarios, mostraba una ligera ventaja para la Lista 1, encabezada por Esperanza Medina, aunque el propio sondeo aclaraba que no representaba un resultado oficial ni una medición científica. Aun así, el ambiente reflejaba una comunidad universitaria atenta al desenlace de una elección considerada decisiva para el futuro institucional.
Durante seis horas, los electores acudieron a las urnas bajo estrictas disposiciones. Estaba prohibido realizar propaganda política dentro de los campus o fotografiar la cédula de votación. Además, el Comité Electoral recordó que el sufragio era obligatorio y advirtió sanciones económicas para quienes incumplieran sus responsabilidades. Los docentes que no asistieran como miembros de mesa podían recibir una multa de 550 soles, mientras que la omisión del voto implicaba el pago de 275 soles. En el caso de los estudiantes, las sanciones alcanzaban los 55 soles para los alumnos de pregrado y 110 soles para los de posgrado.
Pese a las advertencias, cuando el reloj marcó las tres de la tarde y las puertas de los campus se cerraron, decenas de estudiantes llegaron tarde y quedaron sin posibilidad de sufragar. La escena se repitió en los accesos principales: algunos intentaban explicar el retraso, mientras otros observaban resignados cómo la oportunidad de votar se desvanecía junto con la aplicación automática de la multa que deberán cancelar antes de realizar su próxima matrícula.
Con el cierre de las mesas comenzó otra etapa del proceso: el conteo de votos que definirá quién asumirá la conducción de la Universidad Nacional de San Agustín durante los próximos cinco años. Más allá del resultado, la jornada dejó en evidencia la importancia de la participación democrática dentro de la comunidad universitaria, donde miles de estudiantes y docentes tuvieron en sus manos la responsabilidad de decidir el rumbo de una institución que, desde hace casi dos siglos, forma a profesionales de la región y del país.
Al caer la tarde, los campus recuperaron poco a poco el silencio habitual. Las filas desaparecieron, las ánforas quedaron selladas y las aulas permanecieron vacías. Sin embargo, la expectativa seguía presente. La universidad había cumplido con una de sus jornadas más importantes: aquella en la que el futuro institucional comenzó a escribirse con el voto de su propia comunidad.
